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Redacción BLes – Los lugareños de Taganga, una pequeña aldea de pescadores situada en la pintoresca bahía de Santa Marta, han decidido sumarse a las iniciativas para frenar la creciente invasión de peces León que sufre el Caribe colombiano desde hace décadas, informó la publicación ambiental independiente Mongabay Latam.

Al parecer, todo empezó hacia 1985 cuando unos pescadores estadounidenses informaron por primera vez de la presencia de un ejemplar de la especie invasora, en aguas de Florida.

Si bien en el océano Indo-Pacífico, de donde son originarias, las 12 especies de leones acuáticos controlan mutuamente sus poblaciones a través del canibalismo, en el Caribe la variedad predominante, Pterois Volitans, no encuentra depredadores. Ni siquiera el ser humano representa una amenaza ya que, en cierto grado, le teme debido a su fama de pez venenoso.

El “Pez León” no encuentra depredadores en el Mar Caribe.

Esto, sumado a una alta tasa reproductiva —30.000 huevos cada cuatro días, es decir, entre 1 y 2 millones al año— ha propiciado que esta especie invasora predominante se extendiera rápidamente por todo el Caribe. En 2014, incluso se encontraron ejemplares en el sudeste de Brasil y en el Mediterráneo.

Invasión del Caribe colombiano

Mucho han proliferado las colonias de pez León desde que, hace nueve años, se detectaran los primeros ejemplares en Colombia.

El hallazgo tuvo lugar en las inmediaciones de la población pesquera de Taganga, concretamente en el Parque Nacional Tayrona.

En la actualidad, la bióloga marina Luz Helena Rodríguez calcula que existen en esa misma zona “unos 67 individuos por hectárea”.

Rodríguez también sugiere que esta especie foránea, de apetito voraz, ingiere alrededor de “4,6 toneladas de vida marina por kilómetro cuadrado al año”. Algunas de sus víctimas terminan en su estómago debido a que no lo reconocen como una amenaza, advierte la investigadora.

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Otra de las claves de su desproporcionada presencia en aguas caribeñas nos la brinda su inusitada resistencia, puesto que puede soportar hasta tres meses sin comer. 

De acuerdo al grupo de investigación ‘Earth to Ocean’ de la Universidad Simon Fraser de Canadá: “La dispersión geográfica probablemente se ha visto facilitada por la notable capacidad que posee el pez León para el ayuno prolongado, en combinación con otras amplias tolerancias fisiológicas”. 

Además, el ser humano tampoco lo captura ya que sus exuberantes espinas dorsales contienen un veneno que puede provocar dolor intenso, inflamación y —en casos extremos— parálisis de las extremidades durante horas. Esta tradición pesa tanto que incluso los habitantes de Taganga, histórica y tradicionalmente pescadores, tienen miedo de pescarlo.

El “Pez León” se ha convertido en una amenaza para los ecosistemas marinos.

A pesar de poseer una “sabrosa y suave” carne rica en Omega 3, según describe el informe, su fama de pez venenoso obstaculiza su consumo entre residentes y turistas.

Transformando la plaga en joyas

En este marco, el equipo de biólogos liderado por Luz Helena Rodríguez ha decidido combatir la situación convirtiendo esta plaga marítima en la “materia prima de joyas artesanales como aretes, collares y pulseras”.

Aretes de “Pez León”.

El proyecto, sustentado por la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Santa Marta y el profesor Adolfo San Juan Muñoz, busca ejercer control sobre las poblaciones de peces León e involucrar a la comunidad, ofreciendo un incentivo de ingreso económico extra para las familias.

Abalorios artesanales fabricados con “Pez León”.

En la fabricación de las joyas, el grupo de biólogos marinos emplea las aletas pectorales y la cola, descartando aquellas que contienen veneno porque, curiosamente, se deshacen fuera del agua, describe Rodríguez.

“El pez León es escurridizo e inteligente. Se esconde entre las rocas, entre las esponjas y en las cuevas cuando presiente que vienen tras él. Es por eso que su caza debe hacerse con arpón”, explica la bióloga que con su equipo trabaja en la “extracción” del pez León, junto a la Asociación de Buzos Ancestrales Pescadores de Taganga.

El objetivo que persigue tal emprendimiento es familiarizar a la población con esta especie proveniente del Indo-Pacífico para impulsar “una extracción voluntaria mayor“ para muy diversos fines, entre los que se destaca generar demanda para su consumo.

“La carne es similar a la del pargo y a la del mero, que son especies que están en peligro de extinción y que se consumen por medio de un mercado no regulado”, garantiza Luz Helena Rodríguez, consciente de que la frágil condición en la que se encuentran las colonias de pargo y mero en el Caribe se debe, en parte, a la presencia del pez León en su hábitat.

Buceador muestra peces León capturados durante una competición celebrada en Cayo Largo, Florida.

“El pez León como especie invasora, altera la estructura y composición de las comunidades biológicas de los ecosistemas arrecifales”, declara el Ministerio del Ambiente de Colombia en su plan para controlar la dispersión y mitigar la amenaza que supone esta especie para el medio marino.

“Al competir con las especies nativas por alimento y espacio, modifica la red trófica, desplaza las especies nativas de sus hábitats naturales e incluso las extingue, causando así disminución de la biodiversidad y alteraciones ecosistémicas irreversibles”, añade.

Una iniciativa con garantías

El proyecto de la creación de artesanía con aletas de pez León tiene su origen en iniciativas similares puestas en marcha en otras zonas del Caribe como Belice, Curaçao y Bonaire. 

Algunos años después, en 2013, los resultados del estudio llevado a cabo por el Instituto de Biodiversidad y Dinámica de Ecosistemas de la Universidad de Ámsterdam para valorar la eficacia de los esfuerzos de las comunidades de estas zonas del sur del Caribe, determinaron que “los esfuerzos locales de remoción, utilizando voluntarios, se consideraron exitosos en la reducción significativa de la densidad local y la biomasa del pez León”.

Lugareños muestran ejemplar de “Pez León” capturado.

Otras iniciativas que han contado con la implicación de las comunidades han sido las jornadas y torneos de captura desarrollados en el Parque Nacional Tayrona, auspiciados por los centros de buceo locales.

Sin embargo, Rodríguez califica tales medidas como insuficientes argumentando que el control debe ser sistemático y simultáneo en todos los arrecifes: “Si te enfocas en un arrecife no sirve, porque el pez León se va trasladando y colonizando”.

La bióloga marina también enfatiza que si bien existe un plan de ataque del gobierno colombiano, no tiene asociado un presupuesto que permita su gestión.

De hecho, entre enero de 2017 y enero de 2018, el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras de Colombia, INVEMAR, entidad encargada de llevar a cabo el programa ministerial, registra nueve avistamientos y seis capturas en comparación con las 56 mensuales que realiza la comunidad en Taganga.

En algunas comunidades se fomenta la captura y el consumo de esta especie invasora.

Por último, cabe mencionar que el mismo plan de manejo y control del pez León en el Caribe colombiano subraya que “es poca la información que se tiene acerca de la biología del pez León y su ecología antes de su aparición en el trópico americano, lo cual plantea una urgente necesidad de aunar esfuerzos para diseñar una estrategia para el manejo y control del pez León a nivel nacional”.

Biólogos crean joyas con “Pez León” para combatir la plaga que sufre el Caribe colombiano
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Categorías: América Colombia


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