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Pablo Escobar (1949-1993), el narcotraficante colombiano considerado uno de los más dañinos de todos los tiempos, en la década de los años 80 y 90 importó muchos animales exóticos a los ecosistemas del país, entre ellos a 4 hipopótamos.

Ahora, varias décadas después, se considera que entre 50 y 70 merodean por la cuenca media del Río Magdalena, el más grande de Colombia, dado la dificultad de atraparlos y tenerlos en confinamiento, como sí ocurrió con los ejemplares de las otras especies, trasladadas a diversos zoológicos, de acuerdo con la información de El Espectador.

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El impacto ambiental

Los hipopótamos no cuentan con depredadores que controlen la población, como ocurre con otras especies en sus ambientes nativos, y están desplazando a los manatíes y nutrias, mamíferos de menor tamaño propios de los ecosistemas invadidos por los enormes mamíferos.

Por otro lado, las actividades pesqueras se ven en riesgo, y con ello la estabilidad económica de quienes derivan el sustento de ella.

Adicionalmente degradan y erosionan las riveras del río y de los demás caños hacia los cuales de propagan.

Son mansos en su nuevo hábitat.

Periódicamente se exacerba la polémica sobre estos mamíferos, dado que suelen dañar los cultivos y hasta aparecer en los centros urbanos.

Los municipios de Puerto Triunfo, Puerto Berrío y Yondó del departamento de Antioquia, al igual que en el de Cimitarra del departamento de Santander los han visto merodeando para preocupación de la población, según el mismo medio.

Ahora reinan en el Magdalena

Dada su talla y su capacidad para permanecer durante varios minutos bajo el agua se han convertido en la especie invasora predominante del entorno que ocupan.

“Los hipopótamos increíblemente no son tan fáciles de ver porque permanecen en el agua. El hecho de que estén sumergidos casi todo el día hace muy difícil su investigación y captura”, dijo David Echeverry, biólogo de la Corporación Autónoma Regional de las Cuencas de los Ríos Negro y Nare (Cornare), citado por El Espectador.

El biólogo también explica que dada la escasa investigación disponible sobre estos animales, en Colombia se ha dado un proceso lento para conocer sobre su comportamiento.

“Todo eso es lo que hemos aprendido por experiencia con el paso del tiempo. Ha sido un proceso bastante difícil porque en el mundo hay poca investigación sobre estos animales”, añadió Echeverry.

Algunos se muestran sociables.

Las medidas de control

Dadas las dificultades del manejo y lo escaso del presupuesto disponible, se recomienda darles muerte, pero es una medida impopular a la que se oponen los ambientalistas.

Por otro lado se ha probado con la esterilización, la cual puede resultar efectiva pero es demasiado costosa.

Hasta ahora no se han dado hechos lamentables a causa de la tradicional agresividad que les caracteriza en los ambientes africanos de los que son nativos.

Sacrificarlos no parece una medida acertada.

Una curiosidad científica

Para algunos investigadores es una oportunidad pocas veces vista, la de estudiar a estos mamíferos en ambientes diferentes a aquellos que les han sido propios, tal como ocurre en Colombia.

De este modo, Jonathan Shurin, Profesor de la División de Ciencias Biológicas de la Universidad de California en San Diego, valora la oportunidad.

“Evaluar los impactos del ecosistema de la vida del animal más grande del mundo fuera de su rango nativo es algo que no siempre se puede hacer”, explicó en información de Europa Press.

A su vez, National Geographic Society financió un proyecto de investigación al respecto, en el que intervinieron el mismo Shurin, Natalie Jones  de la Universidad de California en San Diego y Nelson Aranguren-Riaño profesor de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC).

“Pasamos nuestros días en el campo recolectando todo tipo de datos de química del agua para rastrear cómo la materia vegetal y la descomposición se unen a los hipopótamos, dada la gran afluencia de nutrientes que aportan a la función ecosistémica de los lagos y los otros animales que habitan los lagos”, relató Jones sobre su trabajo, de acuerdo con el mismo medio.

La adaptación de estos pesados animales, que pueden pesar hasta 1.800 kilos, sorprende a los estudiosos.

“No se esperaba que el hipopótamo se integrara tan exitosamente en los ecosistemas acuáticos de Colombia”, aclara Aranguren-Riaño.

Se explica porque en Colombia disponen de comida en abundancia, no existen depredadores que los acosen y nadie los molesta.

José Ignacio Hermosa – BLes

Terribles en África pero dóciles en Colombia, así son los hipopótamos de Pablo Escobar
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