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La peor pesadilla radioactiva vivida fuera de una planta nuclear se vivió en Brasil en 1987, cuando unos chatarreros robaron y destruyeron una máquina de radioterapia de la cual extrajeron 19 gramos de Cesio 137, altamente radioactivo.

La contaminación

Wagner Pereira y Roberto Alves, de la ciudad de Goiânia, sacaron la pesada máquina de un hospital abandonado, usada para tratamientos contra el cáncer, y la transportaron en carretilla hasta su casa, de acuerdo con BBC.

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Una vez allí la desarmaron en partes fáciles de comercializar y la vendieron en la chatarrería de Devair Ferreira.

A los pocos días Pereira y Alves enfermaron con vómitos, atribuyéndolo a problemas digestivos, pero al agravarse Pereira con diarrea y mareo, además de una mano hinchada, buscó ayuda médica.

Por su parte, el comprador del material, Ferreira, tres días más tarde noto un brillo azul dentro de una pequeña cápsula, parte de lo que había comprado, y considerándola atractiva y hasta sobrenatural la llevó a su hogar.

Una vez allí un amigo la desarmó y encontró uno extraños grumos que se convertían en polvo.

Ferreira los distribuyó entre los familiares, algunos de los cuales lo usaron sobre la piel a modo de maquillaje de carnaval.

Ivo Ferreira, hermano del comprador, también obtuvo parte del preciado polvo y lo colocó en la mesa del comedor donde su hijita Leide das Neves Ferreira lo tocó durante la comida, tal como lo hicieron otros miembros de la familia.

A partir de allí los síntomas afectaron a varias personas, siendo diarrea, vómitos, fiebres y pérdida del cabello los más comunes.

Se identifica la radiación

Pero María Gabriela Ferreira, la esposa del comprador llevó el polvo, para ella sospechoso, a un puesto de salud.

Entonces el físico Walter Mendes supo de la posible contaminación y obtuvo los detectores para investigar acerca de caso.

“Cuando estaba a unos 80 metros de la oficina el detector comenzó a actuar de forma extraña y pensé que tenía una falla“, según la BBC.

De modo que fue en busca de otro detector, con los mismos resultados, y fue cuando vio a un bombero que salía con el pequeño cilindro, dispuesto a tirarlo al río, a lo cual Mendes se opuso angustiado.

Los efectos

A partir de ese momento todo fue pánico a pesar de los esfuerzos por contenerlo.

La Comisión Brasileña de Energía Nuclear fue alertada y se empezó el operativo de limpieza.

Proceso de limpieza de desechos.

Los posibles contaminados fueron llevados a un estadio, donde todos fueron bañados con agua y vinagre.

Unas 11.000 personas fueron observadas en busca de contaminacion.

“Tomamos pastillas para ayudar a la descontaminación interna. También tuvimos que frotar nuestros pies, que eran las partes más contaminadas. No se nos permitió salir ni recibir visitas. No podíamos ver la televisión, no querían que supiéramos lo que estaba sucediendo afuera“, dijo Sueli Moraes uno de los afectados, publicó la BBC.

Decenas de casa fueron demolidas, muebles, objetos, vehículos, árboles y animales fueron destruidos, obteniéndose 6.000 toneladas de material que fue enterrado a 20 kilómetros de la ciudad.

Lugar donde se enterraron los desechos contaminados.

Las dos primeras en morir fueron la niña Leide y su tía Maria Gabriela, y al ser llevadas al cementerio en ataúdes de plomo y descontaminadas, el vecindario trató de impedir su entierro.

Otros dos trabajadores de la chatarrería también murieron, pero lo ladrones que extrajeron la máquina no resultaron afectados. 

Hasta 200 personas fueron declaradas contaminadas con cloruro de cesio, 20 sufrieron contaminación grave.

Alrededor de 11.200 personas fueron examinadas por contaminación radiactiva.

Además, 2.250 personas recibieron pensiones del estado, entre ellos los bomberos, conductores y policías que participaron de los operativos.

Greenpeace de Brasil eleva los muertos a 60 y a 6.000 los afectados por la radiación.

Placa conmemorativa ofrecida a los 20 años del accidente.

Expertos de Estados Unidos y la Unión Soviética prestaron ayuda en el caso, dado que las autoridades de Goiánia no lo trataron adecuadamente.

El incidente se clasificó como de nivel 5, lo que lo ubica dentro de los 10 más graves ocurridos hasta ahora, según un trabajo de la Universidad de Stanford.

José Ignacio Hermosa – BLes

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Categorías: América


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