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WASHINGTON – Donald Trump tiene previsto redoblar su guerra comercial con China, después de asegurar un importante frente de la batalla comercial internacional.

El 30 de septiembre los negociadores acordaron firmar un nuevo acuerdo comercial, el Acuerdo de México – EE.UU.- Canadá (AMEC), que reemplazará al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). La histórica victoria, como lo expresó Trump, despeja el camino para que la administración ahora dirija su atención a Beijing.

Trump elogió a sus aranceles como una herramienta útil de negociación, en una conferencia de prensa para celebrar el AMEC, el 1 de octubre.

“Por cierto, sin aranceles, no estaríamos hablando de un acuerdo, solo para esos bebés que siguen hablando sobre aranceles. Eso incluye al Congreso”, remarcó.

Según Trump, los aranceles estadounidenses claramente están funcionando y finalmente obligarán a China a hacer concesiones en la mesa de negociaciones.

“Tenemos mucho que hacer para ponernos al día con China”, afirmó. “Estamos usando los aranceles para negociar con mucho éxito. Y si no podemos hacer un acuerdo justo, entonces usaremos los aranceles”.

Sin embargo, cree que es demasiado pronto para hablar con China, ya que los funcionarios chinos se han demorado en aceptar poner fin a las prácticas comerciales desleales del régimen de Beijing.

“China tiene muchas ganas de hablar. Y yo dije: ‘Francamente, es demasiado pronto para hablar’. No puedo hablar ahora, porque no están listos”, recalcó Trump.

“Han estado estafándonos durante muchos años. No sucede tan rápido. Y si, políticamente, se lo fuerza demasiado pronto, no se va a hacer el trato adecuado para nuestros trabajadores y para nuestro país”.

El AMEC contiene una cláusula que prohíbe a cualquiera de sus miembros firmar un acuerdo de libre comercio con China por separado.

“La entrada de cualquiera de sus partes en un acuerdo de libre comercio con un ‘país de no mercado’ permitirá a las otras partes rescindir el presente Acuerdo con un preaviso de seis meses”, dice el texto del acuerdo.

El uso de la frase “país de no mercado” es una clara referencia a China, ya que, el año pasado, el Departamento de Comercio confirmó que no era una economía de mercado.

Canadá y China estuvieron hablando de un posible acuerdo de libre comercio, aunque las negociaciones formales quedaron en suspenso.

Según los medios de comunicación canadienses, el AMEC otorga a Estados Unidos una “ventaja sin precedentes” sobre la relación de sus socios con China. En la práctica, Washington puede romper el pacto trilateral si Canadá o México firman un acuerdo con Beijing.

El acuerdo también incluye una disposición que apunta a la manipulación de divisas, una táctica comercial que China ha estado utilizando durante años, devaluando su moneda para impulsar sus exportaciones.

“Es una gran victoria para el presidente y una validación de su estrategia en el área del comercio internacional”, señaló un alto funcionario de la administración el 30 de septiembre, agregando que el nuevo acuerdo “se ha convertido en un libro de instrucciones para futuros acuerdos comerciales”.

El líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer (demócrata de Nueva York), también dio la bienvenida a la nueva versión del TLCAN.

“Como alguien que votó en contra del TLCAN y se opuso a él durante muchos años, sabía que había que arreglarlo. El presidente merece ser elogiado por haber tomado grandes medidas para mejorarlo”.

Estrategia arancelaria

Después de las elecciones de mitad de período, puede aumentar la presión sobre Trump para que ponga fin a la guerra arancelaria, según Harald Malmgren, economista y negociador comercial principal de los presidentes de Estados Unidos John F. Kennedy, Lyndon B. Johnson, Richard Nixon y Gerald Ford.

“Los chinos decidieron esperar hasta que sus medidas comerciales de represalia tuvieran un mayor efecto en varios intereses industriales y agrícolas de los votantes en las elecciones de mitad de período”, agregó.

La tensión comercial entre Estados Unidos y China se ha intensificado a medida que Trump anunció en septiembre que su administración procedería a imponer aranceles adicionales por 200.000 millones de dólares a los productos chinos.

Trump también advirtió que si China toma represalias contra los agricultores estadounidenses y otras industrias, impondría otros aranceles por 267.000 millones de dólares a las importaciones chinas.

Los nuevos aranceles de Trump sorprendieron a los líderes chinos que cancelaron una reunión bilateral prevista para finales de septiembre.

Malmgren cree que un conflicto arancelario de larga duración supondrá una amenaza para las cadenas de suministro y afectará a los planes de inversión de algunas de las mayores empresas industriales del mundo.

“Por ejemplo, en los últimos años, los fabricantes de automóviles japoneses y alemanes estuvieron ampliando la producción de vehículos dentro de Estados Unidos, no solo para abastecer a los compradores estadounidenses sino también para exportar […] a otros mercados de todo el mundo, incluida China”, explicó.

Mercedes y BMW, por ejemplo, hacen la mayoría de sus SUV en el sur de Estados Unidos, y dos tercios de esa producción se exporta a otros países. BMW anunció en julio que trasladaría la producción de algunos de sus SUV fuera de los Estados Unidos como resultado de los nuevos aranceles.

Sin embargo, China podría ceder pronto a las demandas comerciales de Estados Unidos y poner fin a las guerras arancelarias a medida que crecen sus problemas económicos.

La crisis crediticia china

El inicio de una guerra comercial entre Estados Unidos y China llega en un momento difícil para la economía china. El crecimiento económico nacional se está ralentizando y se espera que los aranceles ejerzan más presión sobre el crecimiento.

“Está claro que la economía china se está debilitando”, dijo Kurt Campbell, ex secretario de Estado adjunto para Asuntos de Asia Oriental y el Pacífico, en un evento organizado por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales.

“Hay crisis crediticia. Una gran cantidad de dinero disponible se destinó a las empresas estatales más ineficientes. Muchas pequeñas y medianas empresas más eficientes ahora tienen dificultades y están ansiosas”, sostuvo.

Sin embargo, China sigue decidida a esperar, apuntó.

Todavía no están preparados para llevar a cabo las reformas estructurales que busca la administración Trump, como por ejemplo, abandonar el ‘Made in China 2025’ –un plan estratégico para ser líderes en varios campos de alta tecnología–, abandonar actividades como obligar a formar empresas mixtas a cambio de acceso al mercado chino, y el robo de tecnología y de propiedad intelectual, alegó.

A través de La Gran Época.

Trump asume una postura firme con China tras asegurarse que su estrategia arancelaria funciona
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