Solo los muertos conocerán la verdad

Había una vez una persona aficionada a la lectura que era bastante atrevida. La lluvia había cesado y la luna brillaba intensamente una noche. Llevó un frasco de vino de arroz al cementerio. Miró a su alrededor y dijo: “¡Qué hermosa noche! Sin embargo, yo estoy aquí solo. ¿A quién desde el infierno le gustaría unírseme para tomar algunas bebidas?”.

Poco después, se vieron algunos destellos entre las hierbas silvestres. Los fantasmas, alrededor de una docena según se podía ver por sus sombras, formaron círculos a unos 9 m de él. Él caminó alrededor del círculo, y sirvió un plato grande de vino de arroz y lo puso en el suelo. Los fantasmas todos bajaron la cabeza para olfatear el vino. Un fantasma se maravilló por la calidad del vino, y se atrevió a pedir más.

Este intelectual les preguntó mientras vertía más vino: “¿Por qué no se reencarnan?”. Uno respondió: “Aquellos que han hecho buenas obras ya han reencarnado. Aquellos que cometieron monstruosos crímenes están atrapados en el infierno para recibir su castigo. De nosotros trece, cuatro están todavía cumpliendo su condena por sus pecados y una vez que la paguen podrán reencarnar. Los otros nueve, debido a sus deudas del ye (kármicas), ya no pueden reencarnar”.

El intelectual tenía curiosidad: “¿Por qué no te arrepientes, a cambio de obtener la salvación?”. El fantasma respondió: “Uno tiene que arrepentirse en vida. Una vez muerto, ¡uno no se puede resarcir!”.

El humano dio vuelta la jarra para demostrarles que ya había servido todo el vino. El grupo de fantasmas se alejó caminando torpemente.

Uno viró la cabeza y dijo: “Como fantasma hambriento que soy, te agradezco tu excelente vino. No hay nada que yo pueda hacer por ti a cambio por esto, excepto ofrecerte un consejo, cuya veracidad no la podrás comprobar hasta después de tu muerte: ¡si uno tiene que arrepentirse, tiene que hacerlo en vida!”.

Adaptado de los Escritos de Yuewei Caotang

Sima Guang corrige su conducta

Sima Guang, 1019 – 1086 d. C., fue un historiador, erudito y gran canciller de la dinastía Song. Fue el autor principal de “Un reflejo integral para ayudar a gobernar”, una obra de referencia pionera de la historiografía china, publicada en 1084 d. C., en forma de crónica.

Él solía contarle a la gente una historia de su infancia:

“Cuando era pequeño, mi hermana y yo estábamos tratando de romper las nueces que todavía tenían una cáscara verde. Ninguno de nosotros les pudo quitar la cáscara. Cuando mi hermana no estaba, una sirvienta me ayudó a pelar la cáscara sumergiéndola en agua hirviendo. Cuando mi hermana regresó tenía curiosidad de saber quién la había abierto. Le dije que yo lo había hecho. Mi padre de casualidad escuchó lo que dije, y me regañó: “¿Cómo puede un niño pequeño decir mentiras? A partir de ese momento, nunca me atreví a decir mentiras”.

Adaptado de Antiguas Reflexiones sobre la Educación Moral.

A través de Minghui.

Consejo sincero de un fantasma hambriento: Uno tiene que arrepentirse en vida
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Categorías: Cultura Legado divino


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