Nací en una familia pobre a principios de la década de 1970. Fue una infancia difícil debido a la pobreza. Mis padres trabajaban muchas horas, pero encontrar suficiente comida para alimentarnos a mí y a mis tres hermanos era un desafío diario.

Cuando cumplí 16 años empecé a consumir drogas y pronto me volví adicto. Mis padres se preocupaban por mi condición hasta el punto que mi padre se puso enfermo y frágil. En poco tiempo me convertí en un criminal profesional. El crimen se hizo tan natural en mi vida que no hay manera de que pueda contar todas mis fechorías.

En 1990 fui encarcelado durante un año por robo y asalto. Cuando me soltaron, seguí viviendo una vida sin ley, robando, peleando y consumiendo drogas. Mi padre enfermo me suplicó que volviera a casa, y cuando lo visité estaba en su lecho de muerte. Sus últimas palabras fueron una súplica para que me hiciera responsable de mi hermana. Esto me rompió el corazón y me eché a llorar.

Hubo muchas veces en mi vida en las que debí haber muerto.

Aunque quería cumplir el último deseo de mi padre y cambiar mi vida, no sabía cómo hacerlo. Para evitar el dolor y la tristeza en mi corazón, me sumergí más profundamente en el consumo de drogas. En 1993 fui sentenciado a 30 meses de prisión por atacar y robar a la esposa de un oficial de policía local.

Un imperio sin ley

La situación de mi familia era muy mala. Mi hermana vivía en la pobreza, vendiendo arroz y maíz para sobrevivir. Fui encarcelado por otros tres años por vender drogas. Cuando me liberaron en 1996, tramé un plan para robar motocicletas. Pasé los siguientes cinco años dentro y fuera de prisión por tráfico de drogas y robo. En 2001, regresé a mi ciudad natal y abrí una casa de empeño donde cobré deudas con un alto interés. Hice mi dinero con la sangre y las lágrimas de los que más sufrían.

Aunque quería cumplir el último deseo de mi padre y cambiar mi vida, no sabía cómo hacerlo.

Tenía una casa grande donde mi equipo de matones se reunía para actividades criminales. Controlábamos los círculos de apuestas y cobrábamos deudas. Todos nos temían. Mi dinero lo gastaba en placeres. Por la noche tomábamos metanfetaminas y bebíamos alcohol, y consumíamos éxtasis en los pubs y bares de karaoke.

Pasé los siguientes cinco años dentro y fuera de prisión por tráfico de drogas y robo.

Un deseo de convertirme en buena persona

Sabía que las drogas estaban arruinando la sociedad y aunque ganaba mucho dinero vendiéndolas, era dinero sucio y no duraría. Comencé a sentirme exhausto por mi estilo de vida y ya no estaba interesado en proseguir con mis vicios.

Un día, le dije a mi familia que necesitaba encontrar un lugar tranquilo para calmar mi mente. Era como si la voz de Dios me susurrara. Cuando era niño, aunque era muy testarudo y me metía en muchos problemas, todavía creía en la existencia de Dios.

Sabía que tenía que sacrificarme si quería encontrar la vía hacia un camino recto.

Hubo muchas veces en mi vida en las que debí haber muerto. Algunos drogadictos mueren después de una sola sobredosis, pero yo consumía mucho y seguía con vida. En el fondo de mi corazón estaba buscando algo que no podía nombrar. Solo cuando me senté y escribí mis pensamientos me di cuenta de que realmente anhelaba la verdad y la lealtad.

Todavía estaba involucrado en actividades criminales, pero también viajé a muchos lugares en busca de un buen maestro a quien seguir. Dí el dinero que gané a través del crimen a orfanatos y monasterios. Sabía que tenía que sacrificarme si quería encontrar el camino recto. Aunque todavía ganaba dinero con medios deshonestos, dejé de vender drogas y de involucrarme en la prostitución. La policía se reía porque les causaba entonces menos problemas.

Sin embargo, en el fondo, había una voz que me llamaba urgentemente.

Una familia inesperada

Una noche, cuando aún tomaba drogas, olvidé cerrar la puerta. Cuando me desperté había una mujer acurrucada en una manta en el suelo de la esquina de la cocina. Parecía muy joven y estaba embarazada. Me dijo que el niño era mío. Pudo haber sido. Había tenido tantas aventuras de una noche que no podía recordar. De repente tuve una familia que cuidar. El destino y la responsabilidad se apoderaron de mí en ese entonces.

Desde ese momento vivimos en familia, cocinando, comprando, cuidando al bebé… Todo era mi responsabilidad. A veces me enfurecía y quería escapar.

Un día la mujer me dijo la verdad. El niño no era mío. Ella había venido a mí para ganar dinero para ayudar a su padre enfermo. Fue forzada a prostituirse y quedó embarazada. Me conmovió y le pedí que no volviera a sus viejas costumbres. Le dije que podía abrir una floristería en la parte delantera de mi casa de empeño para poder ganar algo de dinero. Sin embargo, mi familia se negó a aceptar esto y finalmente decidió irse.

Poco después, otra mujer se acercó a mí y me dijo que yo era el padre de su hijo. Me hice una prueba de ADN y supe que no era mío. No le pedí que se fuera y también le dije que podía abrir una floristería. Pero finalmente regresó a la calle, donde volvió a caer en la prostitución y las drogas.

Un impulso de vivir una vida espiritual

Decidí irme y viajar en mochila por todo el país en busca de un lugar donde asentar mi espíritu. Visité algunos monasterios importantes, pero me di cuenta de que no eran el lugar para mí. Incluso en los monasterios, descubrí que los monjes mayores no se comportaban de una manera correcta.

Me sentí tan decepcionado que regresé a casa y caí en las drogas aún más seriamente. Por aquel entonces vi un misterioso libro azul en casa de un amigo. Leí un par de páginas y lo puse en el estante. El libro se llamaba Zhuan Falun. Años después, este libro cambiaría mi vida.

Le rogué al hombre que me vendiera el libro, pero simplemente se limitó a sonreírme. Yo insistí y él dijo: “Si realmente lo quieres, te lo daré”.

Fui a rehabilitación muchas veces para librarme de la adicción a las drogas, pero cada vez terminaba con una recaída. Las cosas siempre eran iguales. Decidí que necesitaba ganar dinero limpio y dejar de participar en actividades criminales. Me puse en contacto con mis deudores y les devolví el dinero. Perdoné todas sus deudas y simplemente les pedí que dejaran de traficar con drogas y prostitución.

Mi resolución de vivir una vida espiritual estaba creciendo. Después de otra infructuosa estancia en rehabilitación, decidí ir a la pagoda Huong, un enorme complejo de templos y santuarios budistas construidos en las montañas, para adorar a Buda. Mientras estaba allí visité al monje local y decidí quedarme, preparándome para tomar las órdenes sagradas.

Un encuentro casual

Un día en la pagoda vi a un hombre leyendo un libro que me resultaba familiar. Le pregunté y me mostró una foto del autor, el Sr. Li Hongzhi, un hombre joven y amable. No puedo explicar lo que sentí al mirar esa foto, pero no podía apartar la vista. El libro era Zhuan Falun, el mismo que había visto años antes.

Todos los días leía los libros y practicaba los cinco ejercicios.

Le rogué al hombre, que se llamaba Sr. San, que me vendiera el libro, pero sonrió. Insistí y me dijo: “Si realmente lo quieres, te lo daré”. Me dio su número de teléfono y me dijo que atesorara el libro. Más tarde supe que contenía las principales enseñanzas de Falun Dafa, una práctica espiritual tradicional china transmitida desde tiempos antiguos.

Empaqué mis cosas y dejé felizmente el monasterio. Sentí como si me impulsaran los pies. Vi a los pájaros reunidos y cantando en el lugar donde una vez medité. Agarré el libro con fuerza. Sabía que me daría una nueva vida. Tomé el autobús de regreso al aeropuerto.

Comienza mi nuevo camino

Empecé a leer Zhuan Falun en el aeropuerto. Cada palabra iluminaba mi alma. Cuando dormí esa noche sucedió algo muy extraño. No sabía si estaba dormido o despierto. Sentí como si alguien estuviera acariciando suavemente mi cabello y mi cuerpo se volviera cada vez más claro.

A la mañana siguiente me desperté tarde y mi cuerpo estaba cubierto de una película pegajosa y de mal olor. Estuve en el baño todo el día y muchas cosas desagradables salieron de mi cuerpo. Sentí como si estuviera siendo limpiado desde adentro.

Cuando volví con mi familia les pedí que practicaran Falun Dafa conmigo. Después lo vendí todo y me fui de la ciudad sin decírselo a nadie, por lo que desconfiaron mucho de mis intenciones. Pensaron que las drogas estaban controlando mi mente. Pensaron que estaba loco porque no podían entender mi comportamiento o mi cambio de opinión. Fue entonces cuando volví a las drogas. Mis adicciones continuaron controlándome. A menudo usaba drogas y lloraba al mismo tiempo.

Un día tuve a Zhuan Falun en mis manos y dije: “Por favor, Maestro Li, ayúdame. Quiero empezar de nuevo”. Para probar mi determinación decidí ayunar durante siete días. En el cuarto día, el Sr. San llamó para ver cómo estaba. Me aconsejó que leyera las recientes enseñanzas del Sr. Li Hongzhi. Comencé a leerlas y cuanto más leía más entendía. Me di cuenta de que tenía que ser extremadamente serio y diligente si quería ser un practicante genuino de Falun Dafa. Durante el mes siguiente, a pesar de tener una fuerte ansia por las drogas, leí Zhuan Falun todos los días y me las arreglé para mantenerme puro en mis acciones.

Después de tres meses el Sr. San me llevó al parque para hacer los ejercicios de Falun Dafa con otros practicantes. Decidí dejar mi negocio de cobro de deudas porque sabía que el dinero no era limpio. Incluso pensé en recoger botellas y latas para mantenerme, solo para poder vivir una vida recta. Viajaba largas distancias cada día para unirme al grupo de Falun Dafa en el lugar de la práctica.

Ahora vivo una vida feliz y plena, siguiendo un verdadero camino espiritual.

Todos los días leía los libros y practicaba los cinco ejercicios (cuatro de pie y una meditación sentada, en posición de loto). Me sentía con mucha energía, y para entonces ya sabía que finalmente había vencido mi adicción a las drogas. En mis 40 años de vida, había pasado 18 años en prisión y en centros de desintoxicación. Muchas enfermedades me habían plagado, incluyendo la hepatitis C, el insomnio y la depresión. Gracias a Falun Dafa todos ellos han sido aclarados. Tengo una nueva vida y una segunda oportunidad. Ahora la gente me felicita por mi complexión saludable y mi espíritu honesto.
Hoy conduzco un coche que compré con mi propio dinero ganado honestamente. Aunque tengo un pasado tan depravado, siento que puedo seguir adelante sin vergüenza. Mi espíritu está tranquilo. Puedo sentarme en una roca, escuchar los sonidos de la naturaleza y encontrarme completamente en paz.

Ahora vivo una vida feliz y plena, siguiendo un verdadero camino espiritual. Probé de todo para liberarme de las drogas y de una vida criminal, pero al final solo Falun Dafa pudo sacarme del fango y salvarme. Estoy eternamente agradecido y mi deseo es que más personas vengan a aprender y beneficiarse de esta práctica verdaderamente poderosa.

A través de La Gran Época.

Era un delincuente y consumía drogas, pero un día encontré algo muy especial que cambió mi vida
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Categorías: Cultura Historias de vida


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