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Los antiguos chinos valoraban la laboriosidad, la virtud y la sabiduría como valores muchos más importantes que la simple ganancia material.

En las antiguas historias chinas se refleja la importancia de la mujer por la creación en progresión armónica dentro de la sociedad.

Dos ejemplos destacados de madres dignas de admiración son: Yue Mu, la madre del conocido general Yue FeiZhan Shi, la madre del filósofo Mencio.

En la historia de Yue Mu, el  joven Yue Fei se encontraba en una aparente paradoja entre el deber patriótico y la piedad filial cuando la dinastía Song era atacada por el pueblo nómada Khitan. Por un lado, sentía que era su responsabilidad alistarse en el ejército imperial y defender contra los invasores, sin embargo al mismo tiempo, lo invadía la necesidad de cumplir con la devoción filial cuidando a su anciana madre. 

Sintiendo la fuente de indecisión de su hijo, la madre de Yue Fei le tatuó cuatro símbolos en la espalda que representaban su deseo como madre: “Sirve al país con lealtad”. El deseo de Su hijo era ahora su deseo, y él podría ir a la guerra sin preocuparse por ella.

Yue Fei llegó a convertirse en uno de los generales más destacados de China, y su lealtad al estado jamás vaciló. Además su madre pudo imprimir en su alma valores por los que nunca sería olvidado ya que fue conocido por proteger a los civiles y preocuparse por sus soldados fuera del campo de batalla. Además él era estricto con sus soldados y les prohibía aprovecharse de las personas comunes que se encontraban en las ciudades por las que pasaban.

Zhan Shi, la madre del filósofo Mencio cuidaba sola de su hijo y tenía una meta para él: quería que recibiera una buena educación. Siendo muy humildes consideró que era realmente importante el ambiente en el que su hijo crecería, por ello es conocida por la historia de “las tres mudanzas”.

Su primera casa quedaba cerca de un cementerio, y pronto se dio cuenta que su hijo Zhang imitaba el comportamiento de las personas que visitaban las tumbas. A este comportamiento lo encontró inapropiado; se mudó nuevamente. La segunda casa quedaba en una zona cercana al mercado y Mencio comenzó a aprender las formas de comportamiento de los comerciantes, algo que su madre desaprobó.

Los comerciantes o mercaderes pertenecían a la clase social más baja en ese momento de la historia de china. Por último, ella encontró una residencia cerca de una escuela y se alegró al ver que su hijo aprendía los hábitos meritorios de los eruditos y más tarde pudo acceder a una educación privilegiada, convirtiéndose en uno de los filósofos más destacados de la historia.

Para las ver estas historias ilustradas e inspirarte con ellas puedes mirar el video que dejamos aquí:

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Madres “tigresas” que marcaron la historia de la antigua cultura china
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Categorías: Cultura Legado divino


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