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Las profecías pueden cumplir un rol importante si no solo se toman como algo curioso, sino también como una advertencia para cambiar algo que no está bien.

En la antigüedad las profecías eran consideradas advertencias divinas sobre los grandes eventos en la Tierra que marcan la vida del hombre. Estos corresponden a lo que llaman “cambios del fenómeno celestial”.

En más de 5.000 años de historia, los antiguos chinos miraban al Cielo en búsqueda de respuestas y consideraban a las profecías como señales para que la humanidad rectifique ciertos comportamientos y evite así la llegada de catástrofes.

Los profetas tenían la misión de transmitir los elementos predeterminados por los dioses, incluso con muchísimo tiempo de anticipación. Por ejemplo Liu Bowen, fue un profeta chino que vaticinó el proceso de purificación del universo que -según ciertas interpretaciones- estaría transcurriendo actualmente.

Otros profetas destacados fueron el francés Nostradamus y el argentino Benjamín Solari Parravicini, cuyas profecías siguen teniendo repercusiones aún en la actualidad.

Las profecías se dan en forma de acertijos y la iluminación a las mismas es también un proceso de introspección y una voluntad de cambio. Esta es la prueba para cada persona: si logra o no iluminarse a la verdad.

Esto también demuestra que existe cierto margen para cambiar el destino, que las catástrofes predichas no son absolutas y que podrían evitarse -al menos hasta cierto grado- si el hombre pudiera girar a tiempo su corazón hacia la bondad.

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Profecías: advertencias para evitar calamidades
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Temas: Categorías: Cultura


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