(Redacción BLes) Que haya corrupción en el Vaticano no es una novedad, de tanto en tanto se denuncian acciones en contra de la falta de rectitud y la honestidad de curas y funcionarios de la sede central de la Iglesia Católica, y con la misma constancia se eleva el clamor por la solución a las causas que dan origen a tales desviaciones.

Malversación de fondos, fiestas homosexuales, consumo de drogas ilícitas y hasta casos de pedofilia son algunos de los oscuros aspectos que involucran a miembros del Vaticano sin que se vislumbre la solución al flagelo que deja profundas cicatrices emocionales, principalmente en niños y adolescentes.

A continuación enumeraremos solo algunos casos a modo de ejemplo –ya que hay mucha información al respecto.

Malversación de fondos económicos

“He descubierto que muchos cardenales viven en apartamentos de 600 metros cuadrados en Roma o que sufragan las reformas de sus casas con fondos destinados a hospitales infantiles”, señala Emiliano Fittipaldi, periodista italiano que ha escrito libros sobre el tema, al relatar sus hallazgos.

Añade que entre otros usos indebidos del dinero están los viajes en las categorías más costosas de las aerolíneas, el pago de salarios de 15.000 euros mensuales a las secretarias de algunos prelados y el mantenimiento de lujosas villas de campo en las afueras de la ciudad.

Por otra parte, el hondureño Cardenal Óscar Maradiaga, amigo personal y asesor del Papa Francisco, compatibilizaba sus prédicas sobre la pobreza con el cobro del equivalente de medio millón de euros anuales de una universidad de Honduras, uno de los países más pobres del mundo, reveló el diario L’Espresso en diciembre de 2017.

“Otras sumas recibidas tienen un origen más oscuro, según las declaraciones de una cincuentena de testigos incluidas en el informe de Casaretto, que implican asimismo a su obispo auxiliar y mano derecha, Juan José Pineda”.

Con respecto al manejo indebido de los recursos por parte del obispo auxiliar, infovaticana relata que “las acusaciones son variadas. Un misionero consultado por el diario señala que algunas sumas fueron a parar a manos de amigos íntimos de Pineda, como un mexicano que se hace llamar ‘Padre Frederick’ aunque nunca tomó los votos”.

“Su verdadero nombre es Erick Cravioto Fajardo. Vivió durante años en un apartamento contiguo al del cardenal en Villa Iris. Pineda, que vivió con él bajo el mismo techo, le compró hace poco un apartamento en el centro y un coche. El dinero, nos tememos, procedía de los fondos de la universidad o de la diócesis. Hemos denunciado esta relación íntima e impropia también al Vaticano. El Papa lo sabe todo”.

Homosexualidad y drogas ilegales

Las relaciones inapropiadas entre personas del mismo sexo no faltan tampoco en este conglomerado humano.

En junio del año pasado el diario italiano il Fatto Quotidiano informó de la irrupción de una patrulla de la Guardia Suiza, encargada de los servicios policiales en el Vaticano, al apartamento del Cardenal Francesco Coccopalmerio, deteniendo una fiesta gay en la que encontraron drogas ilícitas.

De hecho, el encargado del lujoso apartamento, Monseñor Luigi Capozzi, tuvo que ser llevado a la clínica Pio XI para desintoxicarse de las drogas ingeridas en el evento.

Monseñor Luigi Capozzi, al centro, protagonista de la escandalosa fiesta.

¿Hasta cuándo seguirán siendo los indefensos las víctimas?

Emiliano Fittipaldi es un periodista de investigación italiano que ahondó en las profundidades secretas del comportamiento de algunos de los prelados al servicio del Vaticano. Después de varios años de inmiscuirse en ese ámbito, se muestra conmocionado por la cantidad de atropellos sexuales por parte de la curia hacia los menores, según las denuncias radicadas ante la oficina establecida al efecto por las autoridades vaticanas, citadas por el autor.

Emiliano Fittipaldi, autor de varios libros sobre el Vaticano.

“Los abusos de menores no se han erradicado, sino que en los tres primeros años de pontificado de Bergoglio han sido presentadas ante la Congregación para la Doctrina de la Fe 1.200 denuncias de abusos ‘verosímiles’ a niños y niñas de medio mundo”, asevera Fittipaldi en su libro `Lujuria´, publicado el año pasado.

En junio de 2017 el medio Público destacó que la policía australiana había acusado al cardenal George Pell de múltiples delitos sexuales, siendo el prelado de mayor rango dentro de la jerarquía del Vaticano con estas implicaciones (se considera el número tres por su gestión como ministro del Tesoro del Vaticano). Pell fue ascendido por el Papa Francisco en 2014.

Al cardenal George Pell también se le acusa de haber intentado comprar el silencio de las hermanas Foster por 30.000 euros, señala un artículo escrito por Paloma Simón en Vanity Fair en mayo de 2017. Estas niñas australianas fueron víctimas de los abusos reiterados de un sacerdote de su escuela. La mayor, Emma, se suicidó. La menor está confinada en una silla de ruedas.

Cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa, al centro, acusado de encubrir a curas pederastas.

Otro caso es el del cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa, acusado de encubrir al sacerdote abusador Fernando Karadima, quien fuera condenado en 2011 a una vida en retiro y oración por cometer abusos sexuales, sentencia proferida por la Congregación de la Doctrina de la Fe, radicada en el Vaticano.

El caso “Karadima” es uno de los que más indignación ha causado en Chile, y parece haber sido encubierto o al menos minimizado por el Papa Francisco, de acuerdo con este video del año 2015.

Por otra parte, el medio The Clinic Cl divulgó en 2015 la carta en la que el cardenal Errázuris, quien en ese momento revestía la máxima autoridad de la iglesia en Chile, se dirigió al sacerdote acusado de abuso sexual Diego Ossa. Errázuris le recordó las instrucciones que le dio (y que el cura no siguió), con respecto a la razón por la que entregó cerca de 15.000 dólares a Oscar Osbén, quién lo había acusado de abuso sexual en 2003.

“Seguramente recuerdas mi proposición para hacer más verosímil tu versión: que el dinero entregado era una obra de misericordia, y no una medida para acallar a un denunciante”, se extrae de la carta dirigida por el cardenal al cura acusado.

“Que el Papa Francisco haya ascendido a prelados acusados de encubrir la pederastia no es coherente con la intención de erradicar el flagelo de su grey además de viciar la relación de los pastores con los niños y adolescentes de ambos sexos que están a su cuidado”, señala con dureza Emiliano Fittipaldi, refiriéndose a Pell y Errázuris.

El Tribunal Apostólico de la Congregación es el que juzga los casos de abuso atribuidos a los curas, no obstante, las penas impuestas suelen ser controvertidas ya que –en el caso de los abusos infantiles- no parecen ser coherentes con los delitos cometidos. Como ejemplo está la causa del Mons. Anthony Sablan Apuron, Arzobispo de Agaña, Guam, a quien, al ser declarado culpable de abusos a menores, se le impuso meramente la suspensión del cargo y la prohibición de residencia en la Arquidiócesis de Guam.

Son relativamente pocos los casos de abuso a menores juzgados por la justicia civil.

Uno de los episodios de la larga saga de abusos a menores habría sido sostenida por Eduardo Córdova Bautista, quien era buscado por Interpol a causa de las acusaciones por privación ilegal de la libertad, abuso sexual calificado y corrupción de menores, delitos estos practicados contra decenas de jóvenes durante 22 años de actividades en la diócesis de San Luis Potosí, México, informó el medio Excelsior en 2016.

Otro de los casos más aterradores lo protagonizó el cura José Ataulfo García, infectado de SIDA, que confesó haber violado sexualmente a 30 niñas de entre 5 y 10 años, según informe del medio Sinembargo el 18 de septiembre de 2016.

La admisión del abuso por parte del sacerdote habría tenido lugar el 10 de julio de 2016 ante la denuncia de los padres de dos de las menores en su contra.

Luego de “indagar” durante tres meses, la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe de México lo encontró “libre de cualquier acusación”, según Anonymous México, citado por el medio mexicano.

En el mismo artículo se alude a otro centenar de abusos cometidos por Gerardo Silvestre Hernández, también sacerdote mexicano, detenido en 2013.

En Argentina, el proceso iniciado en 2016 llamado caso Próvolo, donde las víctimas de abuso sexual fueron discapacitados, los integrantes de la Sala Penal de la Suprema Corte de Justicia confirmaron las prisiones preventivas de los sacerdotes Nicola Bruno Corradi y Horacio Hugo Corbacho, y de los exempleados Ramón Armando Gómez, Jorge Bordón y otra persona cuyo nombre no se puede publicar en los medios de comunicación por orden de la Justicia.

Los niños abusados ven afectadas su capacidad de aprender y de relacionarse socialmente junto a otros problemas.

Además de estos cinco condenados, hay otros diez imputados en la causa: las religiosas Kumiko Kosaka y Asunción Martínez y exdirectivos, profesionales y personas que trabajaron en el establecimiento ubicado en calle Boedo, de Luján de Cuyo.

A su vez el medio colombiano El Espectador divulga que en Chile en los últimos años una veintena de sacerdotes han sido acusados de pederastia, entre ellos cita que el sacerdote Abel Pérez Ruiz confesó en 2010 haber cometido abusos durante cerca de 30 años en dos colegios de Santiago, la capital, con 14 menores. Recién el año pasado la comunidad de los Maristas admitió el hecho. Pérez fue separado del contacto con los niños y enviado a una residencia en Perú.

En este mismo país en mayo de 2017 fue expulsado el cura John O’Reilly, irlandés, luego de haber sido condenado a libertad vigilada por abuso sexual de una menor en el colegio de la congregación de Los Legionarios de Cristo.

La organización Bishop Accountability es la principal fuente de información sobre casos de abuso sexual de clérigos (bloqueada en los servidores web del Vaticano).

En este video Bishop Accountability muestra el panorama de abuso sexual de los curas en Chile.

En países tan distantes como Australia, la comisión encargada de llevar a cabo las investigaciones sobre los atropellos que venimos relatando, encontró que 4.444 chicos fueron agredidos sexualmente por cerca de 2.400 individuos (500 de los cuales no han podido ser identificados), en alrededor de 1.000 instituciones. No obstante, las cifras reveladas no alcanzan a establecer las dimensiones del trágico fenómeno dado que muchas de las víctimas nunca se presentan a denunciar sus dolorosas experiencias.

El abuso infantil tiene graves repercusiones a nivel físico y sicológico en la vida de los pequeños.

Entre las instituciones descubiertas se encuentran los Hermanos Cristianos, los Hermanos Maristas, los Benedictinos de New Sorcia y la orden de Salesianos de Don Bosco, incluyendo a 93 autoridades de la Iglesia Católica y aún a monjas, publica The Guardian en artículo de febrero del 2017.

“Los niños fueron ignorados o peor aún, castigados. No se investigaron las denuncias. Sacerdotes y religiosos (hermanos) fueron trasladados. Las parroquias o comunidades a las que se trasladaron no sabían nada de su pasado”, dijo la asesora jurídica principal, Gail Furness, SC. “Los documentos no fueron guardados o fueron destruidos. El secreto prevaleció al igual que los encubrimientos”, afirmó en el mismo artículo.

Posteriormente el diario informó que la Iglesia pagó 276 millones de dólares en compensaciones a cerca de 3.000 personas violentadas sexualmente por sacerdotes y hermanos religiosos, con un promedio de 91.000 dólares por cada caso.

Un lastre largo tiempo arrastrado    

De tiempo en tiempo se arremolinan y se difunden a la luz pública los escándalos típicos del Vaticano, y por extensión, de los lugares que gobierna en todo el mundo. Uno de los más sonados fue `Lo que el viento se llevó en el Vaticano´, libro firmado por Il Millenari (un supuesto grupo de curas funcionarios inconformes del Vaticano) que denunciaba homosexualidad, instigación y arribismo en la Santa Sede.

La Santa Rota, organismo del Vaticano, ordenó el secuestro del libro y prohibió la traducción a otros idiomas, no obstante el texto ya no estaba dentro de su jurisdicción y apenas fue notado en su edición restringida, desbordó en ventas en cuanto se ordenó su decomiso en todo el territorio italiano.

Finalmente apareció un monseñor llamado Luigi Marinelli, quien se atribuyó parte de la autoría que, según él, correspondía a un grupo de prelados de varios lugares del mundo, algunos aun cumpliendo labores dentro del Vaticano. En el libro se denunciaban los abusos de que habían sido testigos Marinelli o los coautores del libro, pero sin dar nombres propios de los infractores sino más bien acertijos descifrables por los conocedores de las personas y hechos del pequeño Estado.

Marinelli fue convocado a juicio en el Vaticano pero se negó a comparecer argumentando que no podía retractarse de lo dicho en el libro. Murió a los 73 años a causa de cáncer en los huesos.

Monseñor Luigi Martinelli, coautor de `Lo que el viento se llevó en el Vaticano´.

Un artículo del diario El País comparte una muestra de las aseveraciones características del libro trascribiendo en citas del mismo como la siguiente: “el prelado estadounidense devuelto a casa a causa de un notorio vicio; el obispo de una diócesis de Italia central promovido al Vaticano después de pasar por un tribunal civil acusado de abusos sexuales; el monseñor a punto de ser promovido a cardenal sorprendido en la frontera con una maleta llena de dólares…”.

¿Quién asume la responsabilidad?

Muchos expertos argumentan que la gran responsabilidad que recae sobre quienes guían a otros, puede superar la capacidad del individuo y hay que plantear con  urgencia la implementación de ámbitos y sistemas auténticos que fundamenten tan delicada tarea. Y, evidentemente, para el Vaticano aún no es posible corregir las irregularidades que enlodan el cumplimiento de su misión.

Pero todo esto suena como un problema con una empresa y sus empleados que no han trabajado bien. Sin embargo en muchos casos se trata de uno de los peores crímenes contra la humanidad: la pedofilia. Aberración cometida por “hombres de Dios” que juraron proteger y guiar a su grey y quienes demandan respeto y reverencia ante su poderío para “salvar” a la gente.

Entonces, ¿es posible impedir, mediante un mero cambio administrativo o la aplicación de nuevos sistemas y ámbitos, la repetición de tales acciones e inmundicias que perjudican a los niños que estas personas deberían proteger y guiar? Hay un gravísimo problema en la humanidad para que esto pueda estar ocurriendo.

Cómo el Vaticano sigue acumulando hechos graves de corrupción e impunidad
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Categorías: Mundo


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