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Hay gente a la que le gusta pasear tranquilamente y pararse a oler las rosas. A otros, en cambio, les gusta andar a paso ligero para llegar a su destino cuanto antes. Un nuevo estudio ha revelado que aquellos que caminan rápido tienen un riesgo menor de sufrir una muerte prematura.

Realizamos un estudio con 50.000 caminantes de más de 30 años que vivieron en Gran Bretaña entre los años 1994 y 2008. Recopilamos datos de estas personas, incluida la percepción que ellos mismos tenían acerca de su rapidez a la hora de caminar, para después analizar la influencia de sus caminatas en su salud (asegurándonos de que las consecuencias, negativas o positivas, no se debían a hábitos como fumar o hacer ejercicio).

Descubrimos que andar a un ritmo elevado reducía el riesgo de fallecer a causa de enfermedades cardiovasculares, como infartos o derrames cerebrales. Comparados con las personas que caminaban lento, aquellas que lo hacían a un ritmo medio tenían un 20% menos de riesgo de sufrir una muerte prematura por cualquier causa, y un riesgo un 24% menor de morir por un infarto o derrame cerebral.

Por su parte, aquellos que decían caminar a mayor velocidad tenían un 24% menos de riesgo de sufrir una muerte prematura por cualquier causa y un 21% menos de morir por enfermedades cardiovasculares.

También pudimos descubrir que los efectos beneficiosos de andar rápido se apreciaban con mayor intensidad en los grupos de edad más avanzada. Por ejemplo, los caminantes de 60 años o más a una velocidad media experimentaron una reducción del riesgo de muerte por motivos cardiovasculares del 46%, elevándose hasta el 53% en el caso de los caminantes a paso rápido. Comparados con aquellos que paseaban a un ritmo bajo, las personas que caminaban a paso acelerado con edades comprendidas entre los 45 y los 59 años tenían un 36% menos de riesgo de sufrir una muerte prematura por cualquier causa.

En los grupos de edad más avanzada encontramos también que existía una reducción linealmente mayor del riesgo de muerte prematura cuanto más rápido caminaban, aunque este hallazgo no se puede extender a toda la muestra ni a los grupos de menor edad.

¿Qué significa todo esto?

Los resultados arrojan que caminar a un ritmo medio, acelerado o rápido puede resultar beneficioso a largo plazo para la salud y la longevidad comparado con los paseos a un ritmo bajo, especialmente para las personas de mayor edad.

Pero debemos ser conscientes de que nuestro estudio fue meramente observacional y que no ejercimos un control absoluto sobre todas las variables posibles para poder establecer que solo el ritmo de los paseos fuera la causa de los efectos beneficiosos sobre la salud de los individuos. Por ejemplo, podría ser que las personas con una salud más pobre adujeran su bajo ritmo a la hora de caminar como causa de su mala salud, y de hecho acabasen falleciendo por esa misma razón.

Para minimizar las probabilidades de esta causalidad inversa, excluimos a todos aquellos que padecían una enfermedad cardíaca, a los que habían sufrido un derrame cerebral y a los que tenían cáncer cuando comenzó el estudio, así como a las personas que fallecieron durante los primeros dos años de seguimiento.

Otro punto importante es que los participantes en nuestro estudio informaron por su cuenta sobre su ritmo habitual, lo que significa que las respuestas eran acordes al ritmo al que ellos consideraban que caminaban. No hay parámetros establecidos acerca del significado de “lento”, “medio” o “acelerado” en lo que a velocidad se refiere. Lo que una persona de 70 años sedentaria y fuera de forma pueda entender como un ritmo “rápido” será muy diferente de la percepción que pueda tener una persona deportista de 45 años.

Por esta razón, los resultados que recogimos pueden ser interpretados como un reflejo relativo de la intensidad de los paseos (acorde a la capacidad física de cada individuo). Por lo tanto, cuanto mayor es el esfuerzo físico al caminar, mejores consecuencias entraña para la salud.

Para la población de mediana edad relativamente sana, caminar a una velocidad de entre 6 y 7,5 km/h supondrá hacerlo un ritmo rápido. Tanto es así que si una persona mantiene ese ritmo se puede quedar sin aliento fácilmente. Un ritmo de 100 pasos por minuto es considerado el equivalente a una actividad física de intensidad moderada.

Todo el mundo sabe que caminar es una actividad fabulosa para la salud, y es algo que pueden practicar casi todas las personas de cualquier edad. Nuestros hallazgos sugieren que sería una buena idea elevar nuestro ritmo para poner a prueba nuestra capacidad física y así convertir nuestros paseos en un ejercicio.

Dejando a un lado los beneficios para la salud a largo plazo, un ritmo más rápido permitirá que lleguemos antes a nuestro destino, lo que nos dejará más tiempo para todas esas cosas que hacen nuestro día especial, como pasar tiempo con nuestros seres queridos o leer un buen libro.

A través de: The Conversation.

Cuanto más rápido camines, mejor para tu salud
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Categorías: Salud


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