La diputada kirchnerista a ultranza, Fernanda Vallejos, planteó su opinión sobre el rol que debería tomar el Estado en las empresas que reciben algún tipo de ayuda para cumplir necesidades esenciales. Expuso que el sector público debería quedarse con una parte de la participación en el capital de cada empresa (y por lo tanto en la asignación de dividendos), como compensación a las ayudas prestadas.

La diputada, apoyada ahora por muchos dirigentes del gobierno, pretende exigir una retribución de las empresas de forma permanente. Ignora totalmente el hecho de que las empresas se encuentran al borde del colapso por las medidas de aislamiento y la ruptura en la cadena de pagos. Pero lo que es mucho peor, pretende saldar una ayuda del Estado, que es meramente temporal, con una retribución como parte del capital que sería de carácter permanente.

Las empresas se verían obligadas a ceder una parte de sus ganancias futuras con su nuevo “socio compulsivo”, solamente por haber recibido una ayuda estatal en un momento de extrema necesidad. Ayuda estatal que solamente se limitó a cubrir una parte de los costos operativos.

El Estado actualmente tiene dos formas de financiar sus políticas. Al quedarse sin posibilidad de endeudamiento, dispone solamente de lo poco que puede recaudar por parte del sector privado, y la emisión espuria de dinero. En otras palabras, la “caridad” de la que se jacta el estado a la hora de salir al rescate de empresas privadas, lo hace con recursos que produce la sociedad, o falsificando la moneda para cobrar un impuesto adicional y no legislado.

El enfoque de la posición de Vallejos se centraliza en aquellas empresas capaz de cotizar en bolsa. La diputada se defendió de las numerosas críticas, y expuso que otros países como Alemania y Estados Unidos, también incluyeron medidas simulares en el pasado. El kirchnerismo busca justificarse en modelos exitosos para aplicar recetas venezolanas. Las nacionalizaciones en los países más desarrollados no son para crear un nuevo modelo de estado, sino para rescatar y eventualmente volver a privatizar esos sectores, tal y como pasó en Estados Unidos ante la crisis subprime.

¿Se trata verdaderamente de una medida coyuntural o se esconde la instauración de un modelo chavista en Argentina?

El viejo sueño en el modelo kirchnerista por reconstruir el “Estado-empresario”, aquel que se suponía acabado en la década de 1990. Aún citando a Cristina Kirchner, parece que algunos sectores pretender recrear “un Estado torpe y sobredimensionado, que, como un titán, se devoraba a sus propios hijos”.

¿Cómo fue la experiencia del Estado-empresario en la Argentina?

La idea de asociar la soberanía con la nacionalización de servicios públicos arrojó un gran costo para la sociedad, tanto en términos económicos como en la calidad de los servicios.

Hasta 1989 el Estado se ocupaba de descapitalizar las empresas que disponía porque funcionaban acorde a criterios políticos. La inversión de capital no era posible porque el sector público no tenía ningún tipo de ahorro disponible, acumulaba déficits. Se llegó al extremo en que ni siquiera se pudieron cubrir los costos financieros y operativos.

El kirchnerismo se ocupó de llevar a cabo un nuevo proceso de nacionalizaciones a partir de 2007 y, como resultado, el costo para la sociedad fue creciendo.

Vallejos y toda la bancada cristinista pretende redoblar la apuesta, pero, esta vez, dotar al sector público de una participación mucho mayor sobre el sector privado que la que tenía antes.

Fuente: Derecha Diario.

Categorías: América

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