Se trata del ex Obispo de Orán, Mons. Gustavo Zanchetta, quien desde el lunes y hasta el viernes 25 de febrero, declarará a puertas cerradas.

El Monseñor Gustavo Zanchetta está acusado de abuso sexual simple continuado, agravado por ser cometido por un ministro de culto religioso reconocido, en perjuicio de dos jóvenes. El juicio comenzó el lunes pasado y concluirá mañana viernes. Según el Ministerio Público de Salta, ya declararon Zanchetta y dos de sus presuntas víctimas.

Zanchetta sin embargo no es un simple sacerdote más de la Iglesia católica. El ex Obispo de Orán fue nombrado como Asesor en la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólicapor el propio Papa Francisco a fines de 2017, cuando la Iglesia católica ya tenía conocimiento de las graves denuncias contra él. 

Es oriundo de la diócesis de Quilmes, una de las más progresistas del país, y ya allí protagonizó varios escándalos de abuso de poder y desmanejos financieros, siendo vicario económico de todos los colegios de la diócesis. Con este prontuario, la noticia de su nombramiento episcopal de mano del Papa Francisco cayó como un balde de agua fría a los fieles, quienes organizaron inútiles protestas. Sacerdotes y fieles de Quilmes le escribieron cartas al reciente Papa para que cambie de opinión. Todos los esfuerzos fueron inútiles

En 2014 se trasladó a la diócesis de Orán, en Salta, como su Obispo, pero allí estuvo poco tiempo ya que sorpresivamente renunció en 2017 aduciendo problemas de salud. Lo extraño es que el Obispo, que nunca había demostrado signos de enfermedad alguna, se trasladó a la provincia de Corrientes, donde protagonizó un escándalo policial cuando se negó a que la Gendarmería revisara su coche en un control de rutina, abusando de su investidura episcopal. En ese entonces, pidió ayuda al flamante Obispo de las Fuerzas de Seguridad, Mons. Santiago Olivera, para que todo quedara en la nada. 

Un tiempo después, salió a la luz que los verdaderos motivos de la renuncia a la diócesis de Orán eran unas denuncias por “problemitas” económicos, y presuntas visitas frecuentes a paginas de pornografía y acoso a seminaristas. Al parecer, los vínculos políticos de Zanchetta le habrían permitido recolectar cuantiosas donaciones que no tuvieron un destino claro.

Así, “Monseñor Gustavo“, como gustaba hacerse llamar, huyó a Corrientes, con dos escándalos de desfalcos financieros a sus espaldas, a esperar la salvación de su amigo, el Obispo de Roma

Lo cierto es que, mientras Zanchetta esperaba la mano salvadora de Francisco, su situación se agravó cuando dos seminaristas lo acusaron de abuso sexual. Aún con estas denuncias, Francisco lo nombró en diciembre de 2017 como “asesor” de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (APSA), una entidad que maneja más de 5.000 propiedades del Vaticano y administra no menos de $3.200 millones de dólares. Es un poco curioso que designe para administrar dinero a alguien conocido por robar cuanta moneda se le cruzara, y si algo debemos entender es que, dentro del clero, todo se sabe de todos. 

Cuando las denuncias de abuso tomaron estado público en 2019 y la situación fue insostenible, Zanchetta fue suspendido de su cargo, pero no por eso perdió los beneficios de la amistad de tantos años con el Papa. Prueba de eso es que, dos de los abogados que lo representan hoy, son del Vaticano

Zanchetta niega todo, dice que detrás de estas denuncias de abuso se esconden “cuestiones de poder”. Mientras, desde el Vaticano dicen que el nombramiento fue antes de que se supieran las denuncias y que apenas tomaron conocimiento, le iniciaron un procesamiento canónico. Pero las cartas de los seminaristas denunciando el abuso, tenían fecha anterior. También las cartas de sacerdotes y fieles que le pedían a Francisco que no lo nombre obispo por los maltratos y problemas financieros que ocasionó en Quilmes. Parece que las cartas al Vaticano se pierden en el correo. 

Por esto, cuando el Vaticano desmintió que Francisco supiera de las acusaciones de abuso contra Zanchetta, el Pbro. Juan José Manzano, entonces vicario de la diócesis de Orán, declaró públicamente que en 2015 ya se conocían los antecedentes de los desmanejos de fondos, abuso de poder y abusos sexuales de parte del Obispo Zanchetta.

De hecho, Manzano declaró que se presentaron “fotografías y cartas de seminaristas que habrían sido abusados” a la Nunciatura para realizar el informe correspondiente a la Congregación para los Obispos en Roma, la organización encargada de postular a los futuros obispos, organizar las visitas ad lumina cada cinco años cuando los obispos visitan al Papa a llevarle informes de sus gobiernos y también reciben las quejas sobre los accionares indebidos. 

Manzano reconoció que la presentación de esta información a la Santa Sede pudo haber sido el motivo por que cual Zanchetta huyó de Orán alegando una grave enfermedad de la que nadie lo vio tratarse y buscar refugio en Corrientes a la espera del salvavidas de Francisco, el cual le llegó tres meses después

El caso de Zanchetta es uno más entre muchos, pero su relevancia está dada en que es un amigo íntimo del Papa, quien predica en contra de los abusos, pero protege a sus amigos abusadores y a aquellos que ocultan casos, como también ocurrió con el Mons. Jorge Casaretto, quién protegió a Cristián Gramlich y amenazó a sus víctimas con un juicio penal por calumnias. 

Un claro ejemplo de cuánto le importa al Papa las víctimas de abuso es que hoy, en casi todos los países hispanos, los sacerdotes usan el Misal Romano Cotidiano, confeccionado por Gramlich, con la firma del entonces cardenal Bergoglio. 

Recordemos que Gramlich fue condenado por abuso de menores dentro de la Iglesia y fue condenado a la dimisión de su estado clerical, teniendo prohibido el ejercicio del ministerio sacerdotal. No es una denuncia sin sustento, es una condena interna de la propia Iglesia.

Fuente: La Derecha Diario