El gigante asiático está atento a diversos factores que empañan su relación con el país austral, como por ejemplo la cancelación del contrato a la empresa Aisio para manejar durante diez años la emisión de la cédula y pasaporte de los chilenos, ante la posibilidad de que Estados Unidos retirara a Chile del programa Visa Waiver, así como los vaivenes en la licitación para explotar 160.000 toneladas de litio en Chile por capitales chinos.

China es el principal socio comercial de Chile y no quiere perder su puesto. Ya lo está dejando claro a través de su embajador en Santiago, Niu Qingbao, quien frente al tren Ejecutivo del presidente Gabriel Boric planteó la necesidad de una legislación con “transparencia”, así como políticas “no discriminatorias” que garanticen el crecimiento de los negocios con Pekín.

La presión del representante diplomático de Xi Jinping va directo a la yugular de Boric, quien ahora se debate entre la promesa de defender los derechos humanos que vociferó en campaña o mantener relaciones con la nación asiática que ha sido acusada por maltratos y torturas a la minoría musulmán uigur, pero que recibió el 37,2 % de las exportaciones chilenas el año pasado, una cifra que representa un aumento de seis puntos en comparación con 2019 cuando la cifra se ubicó en 31, 3 %.

Pekín conoce su peso comercial, considerando que Estados Unidos capta sólo el 14 % de las exportaciones, Japón el 8,8%, mientras que Corea del Sur tiene el 5,8%. La data demuestra que Asia registró un aumento de 4,9 %, lo que significa que las ventas de productos nacionales al mercado asiático se incrementaron en 1847 millones de dólares, respecto a igual período de 2019.

A la defensiva

Qingbao defiende la balanza sin disimulo. Un reporte de Ex Ante revela que durante el seminario “La iniciativa para el Desarrollo Global: Nuevo horizonte para la cooperación China-Chile” exhortó a establecer medidas favorables para China teniendo entre los invitados a la ministra de medio ambiente, Maisa Rojas, así como al ministro de Agricultura, Esteban Valenzuela.

El gigante asiático está atento a diversos factores que el percibe, tras la cancelación del contrato a la empresa Aisio para manejar durante diez años la emisión de la cédula y pasaporte de los chilenos, ante la posibilidad de que Estados Unidos retirara a Chile del programa Visa Waiver, el apoyo del país austral al proyecto de cable submarino por Australia para conectar Sudamérica con Asia y los vaivenes en la licitación para explotar 160.000 toneladas de litio en Chile por capitales chinos.

Una dependencia peligrosa

Boric está en un gran aprieto.  Estados Unidos acaba de designar a Bernadette Meehan como su embajadora en Chile para revisar los acuerdos comerciales y si bien la subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales (SUBREI) reporta Tratados de Libre Comercio con 65 economías, el comercio de Chile está muy concentrado en pocos mercados fuera de América Latina, especialmente en lo relativo a exportaciones.

Las exportaciones a China que promedian 21106 millones de dólares desde 2016 se concentran en metales y minerales que alcanzan al 79 % del total, un porcentaje que crece hasta 94 % al agregar las frutas, carnes, vinos, pulpa y celulosa.

Pero la balanza es asimétrica: Chile adquiere menos del 1 % de las exportaciones totales de China. Es una “extrema dependencia comercial que complejiza aún más la relación con el socio asiático”, advierte el doctor en economía de la Universidad de Sussex, Eduardo Santos, en su columna de El Desconcierto.

Cambiar el panorama es difícil. “No es fácil negociar —o renegociar— con un país que tiene una institucionalidad como la de China”, señala Santos. A su juicio, “hay que “rediseñar” la relación, porque “Chile se está equivocando con China. No puede seguir fomentando activamente la integración al comercio y economía china, que puede haber traído réditos de corto plazo, pero que en el largo plazo tiene riesgos enormes”

Tiene razón. Si China concreta, por ejemplo, una invasión contra Taiwán, los flujos comerciales y las cadenas de abastecimiento globales —como ocurre hoy con el ataque de Rusia a Ucrania— Chile quedaría sin su comprador estrella. La ruina sería a pasos veloces.

Incluso, la retórica de Boric que condena a Cuba, de Nicaragua o Venezuela también entra en juego. Tendrá que replantearla si piensa olvidar a las minorías musulmanas uigures atrapadas en campos de reeducación en Xinjiang, China.

 En jaque

Chile cuenta en China con una Agregaduría Agrícola y cinco Oficinas Comerciales de ProChile en Pekín, Guangzhou, Shanghái, Chengdu y Hong Kong. Las dos últimas, aparentemente, con sólo personal local, tras el fracaso de la designación de Andreas Pierotic Mendía como embajador, por arrastrar denuncias en su contra por supuesto maltrato laboral.

Las probabilidades de que esto cambie son pocas. Xi y Boric ya tiene acuerdos, entre ellos promover la cooperación de alta calidad en la Franja y la Ruta, establecer un punto de referencia para construir conjuntamente la Ruta de la Seda verde, la Ruta de la Seda digital y la Ruta de la Seda de salud, y explorar el nuevo potencial de cooperación en materias de comercio de servicios, economía digital, ciudad inteligente, 5G y energías limpias.

La canciller de Boric, Antonia Urrejola ya lo acordó con el Consejero de Estado y mininistro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi por teléfono, quien espera al mandatario en 2023 en la Gran Muralla.

Por Gabriela Moreno – Panampost.com