Argentina cumplirá este viernes tres semanas de cuarentena por el virus del PCCh (Partido Comunista Chino) y eso se palpa en los 1.500 kilómetros que separan a Buenos Aires, en el este, sobre el Río de la Plata, con San Salvador de Jujuy, la capital provincial más boreal del país, al oeste, no muy lejos de los Andes. En el camino casi no se ven coches. Solo pueden movilizarse los trabajadores de sectores esenciales. Hay camiones que transportan sobre todo alimentos, pero también bebidas, productos de higiene o combustible. Se han multiplicado los controles policiales.

Al partir de la capital argentina, ya en territorio de la provincia de Buenos Aires, un retén de la Gendarmería Nacional pregunta por el destino final del viaje. Después vendrá la provincia de Santa Fe, sin vigilancia en las rutas. Allí está Rosario, tercera ciudad en población de la Argentina. Antes de entrar, la fábrica de General Motors, llenas de coches estacionados sin vender. Pero algunos allí trabajan: se han puesto en contacto con un equipo de la Universidad de Rosario para fabricar respiradores.

En la avenida de circunvalación de Rosario, largas caravanas de camiones detenidos esperan llegar a los principales puertos de exportación de granos de esta potencia agrícola. En pleno brote ocurre la cosecha de soja y maíz, los dos principales cultivos de Argentina, y su transporte desde el norte y el centro del país a los buques o a las fábricas de aceites y harinas, también concentradas en Rosario. Los trabajadores aceiteros acaban de recibir una paga extra por operar en plena pandemia. El año pasado llegaron aquí 2,3 millones de camiones con granos, según la Bolsa de Comercio de la ciudad. En 2020 serán un poco menos por la menor cosecha. Pero existe el temor de que la zona se convierta en un foco de contagio entre transportistas de diversas provincias y tripulaciones que vienen de todo el mundo, aunque permanezcan en sus barcos.

Camiones esperan en Rosario (DW/ A. Rebossio/ via DW)
Camiones esperan en Rosario (DW/ A. Rebossio/ via DW)

Sin los pies en el asfalto

“Al camionero se le pide que casi no baje del camión”, explica el director de estudios económicos de la Bolsa de Comercio de Rosario, Julio Calzada. “Los acopiadores les dan alcohol en gel y comida y les piden que solo lo bajen al descargar en el puerto. Se les pide que no contacten con nadie y no vayan a los baños del puerto”, agrega Calzada. Los camioneros tienen por costumbre bajarse a conversar y compartir mate (infusión) con sus colegas mientras esperan en Rosario, pero ahora casi no se los ven con los pies en el asfalto.

A lo largo de Santa Fe, hay pueblos con barricadas para evitar ingresos y campos en plena cosecha y con granos guardados en silobolsas (bolsas de plásticos que reemplazan a los antiguos silos metálicos). Por la caída de las cotizaciones internacionales de la soja ante la crisis mundial del virus del PCCh y la previa convocatoria de acreedores de la principal exportadora agrícola de Argentina, Vicentín, muchos agricultores guardan allí la oleaginosa a la espera de un mejor momento para venderla. Por algo se ha duplicado el precio de los silobolsas.

En el límite entre Santa Fe y Santiago del Estero hay dos pueblos que llevan una semana más de cuarentena que el resto de Argentina: Ceres y Selva, respectivamente. Es que un santiagueño de 27 años que venía de visitar a su novia en la provincia argentina de Córdoba se contagió el virus del PCCh de ella, recién llegada de España, pero organizó un asado (barbacoa) con 18 amigos de uno y otro pueblo. Apenas el padre del joven se lo contó al intendente (alcalde) de Selva, Enrique Bertolino, este dictó el confinamiento. Al rato se sumó Ceres. Pero en ambos pueblos solo se contagió el primo del muchacho. Ambos siguen recuperándose en sus casas.

“Es mejor equivocarse por exceso”

“Es muy feo estar encerrado y muchos ni saben por qué. Por eso ayuda que informemos”, cuenta el intendente de Selva, donde los almacenes y las farmacias están abiertas solo hasta las 14 para que nadie circule después de esa hora. Solo los agricultores y ganaderos pueden movilizarse hasta las 16. “Los argentinos somos un poco rebeldes, pero la cuarentena se cumple en Selva. Los comercios han conservado sus precios. Los carniceros los bajaron 30%, en parte con fondos de los productores agropecuarios, que también han donado leche para las familias que lo necesitan. Hay gente que pide por favor que reabrir sus comercios (no esenciales). Ahora nos estamos organizando con la cosecha de soja para desinfectar los camiones y que los camioneros que vienen de otras regiones no se bajen del camión. La provincia reparte bolsones de comida, sobre todo a los que perdieron su ingreso diario (trabajadores informales). Hay que contener a los jóvenes y a los chicos que quieren salir a jugar a la pelota, a las madres para que les enseñen en sus casas. Pero estamos optimistas, es mejor equivocarse por exceso, pero creo que no exageramos”, concluye Bertolino.

En las provincias de Santiago del Estero y Salta se intensifican los controles de los policías, que piden nombre, apellido, domicilio y teléfono de los conductores. Algunos uniformados reconocen que algunos cumplen el confinamiento y otros no. Son los jóvenes que van en moto de aquí para allá o una pareja que sale a pasear en la soledad de la ruta.

Cuidados estrictos en la provincia de Jujuy

Al llegar a Jujuy aumenta el celo. La Policía no solo exige los datos personales, sino que obliga a bajarse del automóvil para que una enfermera tome la temperatura de los pasajeros. El gobernador jujeño, Gerardo Morales, se ha distinguido por su celo contra el virus del PCCh. Solo hay cinco contagiados y ningún muerto, frente a un total nacional de 1.715 y 60, respectivamente. Jujuy es una de las provincias de peores finanzas y, por tanto, con más dificultades para enfrentar la pandemia. Fue la primera que suspendió las clases escolares, el 12 de marzo, antes que el 16 lo hiciera el Gobierno de Alberto Fernández en el resto del país. La semana pasada, el gobernador amenazó con aplicar test del virus del PCCh a todos los que ingresaran a la provincia. No lo ha aplicado aún y hay dudas sobre el financiamiento y la viabilidad de su idea en un mundo que se pelea por comprar mecanismos de prueba.

Jujuy se sumará a las tres provincias argentinas donde ya rige el uso obligatorio de barbijo (Catamarca, La Rioja y Misiones). El lunes se agregarán Salta y Santiago del Estero. Un total de seis sobre 23 provincias. En lo que también se ha distinguido Jujuy es en enviar la semana pasada a Buenos Aires un bus con 61 personas, extranjeros en su mayoría. El gobernador declaró que los había mandado con acuerdo de las embajadas de sus respectivos países para facilitar su repatriación, pero las de Colombia y Perú lo negaron. Polémicas diplomáticas en medio de la cuarentena argentina, de oeste a este.

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Fuente: DW.

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Temas: Categorías: América Argentina

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