Desde inicios de agosto, más de 1500 migrantes han viajado en autobús a esa ciudad para terminar en “el superpoblado sistema de refugios”. Padecer las consecuencias de la crisis fronteriza está poniendo de cabeza a funcionarios que prefieran tildar al gobernador Greg Abbott de “racista”

Cada vez más saturados. Así están los refugios de la ciudad de Nueva York por el alto flujo de migrantes que están llegando en autobuses enviados desde Texas. Una de las salidas que consiguió el gobernador Greg Abbott ante la omisión de esta crisis por parte de la Casa Blanca. El motivo es que los cruces irregulares siguen aumentando en la frontera sur sin que existan políticas efectivas por parte del Gobierno federal. Eso demuestra lo lejos que quedó el accionar de la vicepresidente Kamala Harris, designada como «zar fronterizo». Su tarea parece haberse desvanecido con el paso de los meses.

En pocas palabras, los políticos demócratas están experimentando en carne propia lo que padece Texas desde inicios de 2021. Primero fue Washington DC en recibir autobuses con migrantes, luego Nueva York comenzó a formar parte de la lista, y más recientemente Chicago.

Y mientras esta última ciudad hace espacio para recibir la oleada de migrantes irregulares —luego del discurso de Joe Biden en campaña y a inicios de su mandato, y de la posterior flexibilización de controles— los refugios en la ciudad de Nueva York no se dan abasto. La mayoría «terminan en el superpoblado sistema para personas sin hogar de la ciudad, que albergaba a más de 50.000 hasta el jueves (1 de septiembre)», reportó CNN, citando a la organización Coalition for the Homeless. Otro dato es que la ciudad está usando 17 hoteles como refugios de emergencia.

Pero al igual que muchos otros temas, este también se tornó parte del discurso político. Los demócratas culpan al gobernador Abbott por «descontrolar» el sistema federal de procesamiento de migrantes mientras ignoran los problemas de fondo y la inexistencia de planes federales para controlar la crisis.

Demócratas culpan a Texas

En su último balance, el gobernador de Texas mencionó que desde abril más de 7400 migrantes han viajado a la capital de EE. UU. y desde el 5 de agosto más de 1500 a Nueva York. El total sigue siendo ínfimo en comparación con el casi medio millón de personas que han cruzado irregularmente desde enero de este año, cifra registrada por la Oficina de Aduanas y de Protección Fronteriza (CBP, en inglés). Esta situación sirve para mostrar a estas ciudades la saturación que padecen los centros de detención en la frontera.

A propósito, la acusación de «descontrolar» el sistema de procesamiento vino de Alejandro Mayorkas, secretario del Departamento de Seguridad Nacional. Sin embargo, en abril pasado la entonces secretaria de prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki, dijo que al tener procesos de asilo abiertos, los migrantes que habían llegado a Washington DC eran «libres de viajar». Eso demuestra una vez más la poca coordinación del Gobierno federal.

“Es bueno que el estado de Texas los ayude a llegar a su destino final mientras esperan el resultado de sus trámites migratorios”, dijo Psaki. No obstante, sus colegas de partido no piensan lo mismo. Para Ryan Johnson, director de Comunicación de la alcaldía de Chicago, el gobernador Abbott aplica «prácticas racistas de expulsión». El alcalde de Nueva York, Eric Adams, considera devolver los autobuses. La retórica demócrata ahora va por el camino de culpar a Texas. De nuevo, nada se menciona sobre la falta de políticas migratorias o de ampliar la capacidad operativa de la CBP.

Nueva York puesto a prueba

En cuanto a los refugios en Nueva York, se estima que 6900 personas que cruzaron por la frontera ahora habitan en estos lugares. La cifra es mucho mayor a los 4900 que se hospedaban hace solo dos semanas, según datos citados por Breibart. Y es que incluso los medios estadounidenses estiman que esta nueva oleada migratoria «pone a prueba la identidad de Nueva York como santuario del mundo».

Los puntos de partida son países de América Latina. Pero la tendencia pasó de migrantes centroamericanos a aquellos originarios de países del sur como Venezuela. Lo que posiblemente no está en sus expectativas es el proceso que deben atravesar una vez pisado suelo estadounidense. Las penurias continúan sin estatus legal, muchas veces sin documentos de su país de origen, sin ingresos y en refugios saturados ante la incapacidad de atenderlos a todos.

Ahora gobernadores y demás funcionarios demócratas deben hacerle frente a la crisis incentivada por los demócratas y que no ha sido atendida desde la Casa Blanca

Oriana Rivas – Panampost.com