¿Qué podría haber llevado al Dr. Fauci a cambiar su opinión médica sobre las mascarillas? La respuesta se encuentra en principios básicos de la Economía.

El verano pasado, en una entrevista con la presentadora de CBS Evening News, Norah O’Donnell, el Dr. Anthony Fauci dijo que no se arrepentía de haber aconsejado a los estadounidenses que no usaran máscaras en espacios públicos al principio de la pandemia, aunque sus recomendaciones cambiaron meses después.

“No me arrepiento de nada de lo que dije entonces porque, en el contexto del momento en que lo dije, era correcto”, dijo Fauci, el principal asesor del gobierno en materia de enfermedades infecciosas. “Se nos dijo en las reuniones de nuestro grupo de trabajo que tenemos un grave problema con la falta de protectores para el cuerpo y mascarillas para los proveedores de salud que se ponen en peligro todos los días para atender a los enfermos”.

Fauci se refería a los comentarios que hizo en el programa 60 Minutes en marzo de 2020. Durante esa entrevista, Fauci dijo que “no hay razón para andar por ahí con una mascarilla”, señalando que deberían usarse sólo para los enfermos como control de la fuente u origen.

“Cuando estás en medio de un brote, llevar una mascarilla puede hacer que la gente se sienta un poco mejor e incluso puede bloquear una gota, pero no está proporcionando la protección perfecta que la gente piensa que es”, dijo Fauci. “Y, a menudo, hay consecuencias no deseadas: la gente sigue jugueteando con la mascarilla y sigue tocándose la cara”.

El cambio de opinión de Fauci sobre las mascarillas no estuvo exento de polémica, pero tenía alguna excusa dado su contexto. Un funcionario de la salud pública que miente (por el motivo que sea) al público al que tiene la responsabilidad de proteger, no es un asunto de menor importancia. Pero también se podría ver la explicación de Fauci como una “mentira noble” diseñada para asegurarse de que las personas que más necesitaban las mascarillas las recibieran.

Sin embargo, los correos electrónicos recientemente publicados sugieren que cuando Fauci dijo en marzo que no había ninguna razón para que las personas sanas llevaran mascarillas, no era para prevenir una escasez de mascarillas, sino porque lo creía.

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Esta semana, el Washington Post BuzzFeed News publicaron cientos de páginas de correos electrónicos de Fauci, obtenidos a través de la Ley de Libertad de Información.

Los correos electrónicos contienen muchas revelaciones. Entre ellas se encuentra un correo electrónico de respuesta que Fauci le envió a una tal Sylvia Burwell, presumiblemente la misma Sylvia Burwell quien fue Secretaria de Salud y Servicios Humanos con el presidente Barack Obama.

Burwell, que tenía previsto viajar, había pedido al Dr. Fauci su consejo sobre el uso de mascarillas. La respuesta de Fauci, fechada el 5 de febrero de 2020, se incluye íntegramente a continuación.

“Las mascarillas son realmente para las personas infectadas, para evitar que contagien a las personas que no están infectadas, más que para proteger a las personas no infectadas de adquirir la infección. La típica mascarilla que se compra en la farmacia no es realmente eficaz para controlar el virus, que es lo suficientemente pequeño como para atravesar el material. Sin embargo, puede proporcionar algún beneficio ligero para mantener fuera las salpicaduras ajenas si alguien tose o estornuda sobre tí. No te recomiendo que lleves mascarilla, sobre todo porque vas a un lugar de muy bajo riesgo”.

El correo electrónico es importante porque muestra que Fauci estaba diciendo en privado en febrero de 2020 precisamente lo que estaba diciendo públicamente en marzo de 2020. El hecho de que Fauci compartiera esta información en privado con Burwell socava su afirmación de que su recomendación de no usar máscaras estaba motivada por el miedo a provocar una estampida de compradores de máscaras.

En otras palabras, hay muchas razones para creer que Fauci simplemente estaba compartiendo su genuina opinión médica, que se correspondía con el consenso científico y la Organización Mundial de la Salud en ese momento, de que las máscaras (en particular las de tela compradas en las tiendas) son ineficaces para controlar el virus y pueden causar un comportamiento más arriesgado al dar a los usuarios una falsa sensación de protección.

La pregunta obvia, por supuesto, es qué llevaría a Fauci a cambiar su opinión médica sobre las mascarillas. La respuesta quizá pueda encontrarse en los principios básicos de la economía.

La Teoría de la Elección Pública, un campo en el que fue pionero el economista James M. Buchanan, ganador del Premio Nobel, aplica teorías y métodos económicos al análisis del comportamiento político. Según Buchanan, la elección pública es “la política sin romanticismo”. Cuestiona la noción ampliamente aceptada de que quienes se dedican al servicio público están motivados principalmente por “el bien común”. Esto no quiere decir que Buchanan sugiera que los funcionarios públicos sean exclusivamente malévolos. Por el contrario, la teoría de la elección pública se basa en la suposición de que los actores políticos son más o menos como todos los demás, en el sentido de que sus decisiones están determinadas por el interés propio y los incentivos.

Geoffrey Brennan, profesor de filosofía en la Universidad de Carolina del Norte y profesor de ciencias políticas en la Universidad de Duke, señala que existe una tendencia errónea a considerar a los agentes públicos como “déspotas benévolos” en lugar de personas normales.

“Cuando se pregunta qué debe hacer el gobierno, también se implica que los gobernantes están motivados para tratar de elegir las mejores políticas para el bien público”, dijo Brennan en un debate sobre la teoría de la elección pública en 2020. “Cuando se trata de agentes políticos es sin duda un error asumir simplemente que lo que motiva a una persona exclusivamente es su deseo de hacer el bien”.

Continuó:

“Después de todo, la suposición ganadora en economía es que la gente corriente que opera en los mercados está motivada predominantemente por el interés propio. ¿Por qué deberíamos suponer que los políticos y los burócratas están motivados de forma diferente a los demás?”

Tanto en público como en privado, a principios de 2020 Fauci dijo que las máscaras eran una forma ineficaz y poco útil para que los individuos se protegieran del COVID-19. Su opinión pública sobre el asunto cambió, y cambió en un momento en que las máscaras se volvieron amargamente divisivas (como lo fueron hace un siglo durante la gripe española).

Las máscaras se volvieron tan políticamente polarizantes que incluso los altos funcionarios del gobierno podían ser golpeados con una prohibición en las redes sociales por publicar que las máscaras eran inútiles. De hecho, esto es precisamente lo que le ocurrió al Dr. Scott Atlas, que en ese momento era uno de los principales miembros del equipo de trabajo para el coronavirus de la Casa Blanca. En ese entorno, no sería de extrañar que Fauci diera un giro para “alinearse”, por el bien de su carrera política.

Para ser claros, no sabemos con certeza qué motivó las decisiones de Fauci. Es posible que lo convencieran (o se convenciera a sí mismo) de que las mascarillas eran necesarias porque la propagación asintomática era un riesgo mayor de lo que creía. (Aunque las investigaciones demuestran que los casos de contagio asintomático son raros y es poco probable que contribuyan a la propagación del virus de forma significativa). 

Lo que sí sabemos es que la teoría de la elección pública puede ayudarnos a entender mejor qué motivos, además de la salud pública, pueden haber ayudado a Fauci a cambiar de opinión (consciente o inconscientemente).

Nos muestra cómo los incentivos políticos pueden estar a menudo en desacuerdo, no sólo con el bien público, sino con la propia verdad.

Jon Miltimore – fee.org.es