Por Gerardo De la Concha* para BLes.com.

Una de las grandes debilidades del gobierno de Andrés Manuel López Obrador se encuentra en su política exterior. Las situaciones y organismos internacionales no guardan ningún interés para el nuevo Presidente mexicano, quien considera que México se debe centrar en sus propios problemas.

Para ello hace una peculiar interpretación de los principios de la llamada Doctrina Estrada basada sobre todo en la no intervención en asuntos internos de otros países, en una idea del aislamiento como un sinónimo de respeto a las soberanías nacionales, por encima de otros principios que también son constitucionales en México, como la promoción de los derechos humanos entendidos como derechos universales.

Para asumir una crítica de esta postura debe entenderse que la Doctrina Estrada, creada por un oscuro diplomático de los años treinta, tenía como referentes:

1. Las intervenciones extranjeras en México en el siglo XIX. Y el hecho de que solamente pocos más de quince años antes en el caos de la Revolución, el puerto de Veracruz había sufrido un ataque de marines estadunidenses; por su parte el embajador estadunidense jugó un papel importante en el golpe de Estado del general Victoriano Huerta en contra del presidente Francisco I. Madero.

2. La Doctrina Estrada surge además en el contexto de la llamada guerra cristera, cuando el gobierno impuso una política anti religiosa que derivó en un alzamiento armado de campesinos católicos del centro del país. La feroz persecución religiosa se quería hacer ver como un “asunto interno” y por lo tanto se rechazaba cualquier “intromisión” extranjera que quisiera ejercer una presión al gobierno a causa de ello.

Andrés Manuel López Obrador y Nicolás Maduro se saludan durante la asunción del primero como presidente de México
Andrés Manuel López Obrador y Nicolás Maduro se saludan durante la asunción del primero como presidente de México

Al exponer estos antecedentes, es nuestra intención hacer ver lo desfasado de esta Doctrina Estrada. En primer término, el Estado mexicano no está ahora debilitado por ningún alzamiento militar, gobierno espurio o guerra civil; eso ya sólo tiene que ver con la historia. En segundo, el viejo PRI heredó la defensa del aislamiento como una manera de evitar que su autoritarismo sufriera de presiones externas consistente en: “nosotros no nos metemos con nadie, nadie debe meterse con nosotros”; en consonancia con los cambios democráticos del país, hasta el PRI de los últimos años hizo a un lado esta política.

La realidad mundial ha evolucionado mucho desde aquellos años treinta. Hoy existe el fenómeno de la globalización, mayores instituciones internacionales, más interdependencia entre los países. El aislamiento no sólo no es buena idea, ni siquiera es realmente posible.

Pero además, la Doctrina Estrada no ha significado que México sea un país absolutamente neutral, como Suiza por ejemplo. México ha tomado en cuenta “asuntos internos” de otros países para asumir posturas muy activas. No solamente en esos mismos años treinta hubo una participación decidida a favor de uno de los bandos en la guerra civil española, sino no se reconoció después al gobierno del general Francisco Franco; no se diga de manera más reciente el repudio del gobierno mexicano a la dictadura de Augusto Pinochet en Chile, con acciones diplomáticas de condena en ambos casos. Otro ejemplo es el apoyo directo con recursos por parte del gobierno de José López Portillo en beneficio de la guerrilla sandinista de Nicaragua.

Manifestantes opositores participan en una caminata contra el presidente Nicolás Maduro, en Caracas, Venezuela, el miércoles 30 de enero de 2019. Los venezolanos están saliendo de sus hogares y lugares de trabajo en una huelga organizada por la oposición para exigir que Maduro deje el poder. (AP Foto/Ariana Cubillos)

Es evidente ahora que el gobierno de Nicolás Maduro es ilegítimo y representa una flagrante violación a los derechos ciudadanos en Venezuela, pues su gobierno ha llevado a cabo un golpe de facto en contra de las libertades democráticas venezolanas. El silencio oficial mexicano ante ello no puede sustentarse en una falsa idea de “no intervención”, pues junto con Uruguay se planteó una forma de intromisión al proponerse como mediadores de un diálogo, que en realidad le hace ganar tiempo al dictador Nicolás Maduro mientras su gobierno reprime manifestaciones democráticas, con muertos, heridos, presos y manteniendo una crisis que, por los sufrimientos extendidos del pueblo venezolano, no sólo significa una crisis política sino es también una crisis humanitaria que genera decenas de miles de venezolanos exiliados.

He dejado a un lado dos principios de la doctrina Estrada que ahora comento: el respeto a la autodeterminación de los pueblos y la solución pacífica de las controversias. La presencia de cubanos y rusos alrededor del dictador Nicolás Maduro, incluyendo en las cadenas de mando militar, hace que esa autodeterminación nacional, junto con las imposiciones gubernamentales, no exista de ninguna forma. Y al perder autoridad moral México, por no unirse con la mayoría de las democracias del continente americano y el europeo, no participa en una solución pacífica para Venezuela.

El aislacionismo del Presidente López Obrador, que secunda en los hechos a su ala izquierdista en su partido Morena y en el Senado de la República, favorable por razones ideológicas al régimen opresor de Venezuela, determinará altos costos políticos para México que, por lo pronto, ya está alineado en esto con Rusia, China, Cuba y Nicaragua, lo cual no es de presumirse.

*Escritor mexicano.

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