Dos millones de barriles de condensado y 1,22 millones de barriles de petróleo iraní descargarán en la terminal José Antonio Anzoátegui en los próximos días.

A mediados del año pasado, la dictadura de Nicolás Maduro se regocijaba con la oferta de que para diciembre de 2021 la producción petrolera aumentaría a 1,5 millones de barriles diarios (bpd). Sin embargo, casi finalizando 2022 el régimen no ha logrado cumplir esta promesa. En julio pasado, la otrora potencia petrolera apenas alcanzó a producir 629.000 bpd, según publicó la OPEP.

Esa incapacidad ha sido una de las razones por las cuales el régimen chavista ha terminado apoyándose en aliados que, burlando sanciones internacionales, surten al país caribeño. Es el caso de Irán, que no ha dejado de enviar buques a Venezuela para ayudar a levantar a la estatal PDVSA.

Por ello, un par de barcos con dos millones de barriles de condensado y 1,22 millones de barriles de petróleo iraní descargarán en los próximos días en la terminal José Antonio Anzoátegui, el principal puerto de Venezuela. De acuerdo con Reuters, uno de los petroleros que llegó este mes a aguas venezolanas es un modelo conocido como Very Large Crude Carrier (VLCC) de bandera iraní. Está operado por la National Iranian Tanker Company (NITC), sancionada además por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Respecto al otro barco, documentos de PDVSA citan un buque que fue desguazado.

El acuerdo por 100 millones de euros

Maduro y su régimen necesitan tanto condensado como petróleo iraní. El primero sirve para diluir el crudo extrapesado venezolano y el segundo se refina «para producir carburantes», apuntó la agencia de noticias. En consecuencia, las alianzas con el país del Medio Oriente, acusado de terrorismo, no se detienen.

A principios de este año, Caracas y Teherán firmaron un contrato por 110 millones de euros, lo cual significa que entre julio y agosto, Venezuela importaría alrededor de 4,8 millones de barriles desde Irán, indican cifras de la estatal petrolera.

El trasfondo turbio de estos negocios son bien conocidos en el contexto internacional. Sin embargo, el intercambio no se detiene. El gobierno de Joe Biden parece hacer caso omiso desde la Casa Blanca y, por el contrario, otorga concesiones para que Maduro aumente las exportaciones.

Apagar los radares y convertir los buques en «barcos fantasmas» es quizás una de las maniobras que con mayor frecuencia ponen en práctica estos regímenes como parte de una alianza que les permite a ambos beneficiarse. Venezuela obtiene crudo para exportar y surtir estaciones de combustible, mientras Irán consolida su red de influencia en Occidente.

Producción estancada y precios en caída

Solo en julio de este año, Venezuela acordaba la llegada de cuatro millones de barriles de crudo pesado iraní. Un aumento evidente frente al millón importado en junio.

Pero aún con el petróleo iraní, Maduro no logra levantar la producción nacional. Las instalaciones de PDVSA están en niveles deplorables con el régimen excusándose en las sanciones estadounidenses y tratando de ocultar la falta de mantenimiento a la industria petrolera en más de dos décadas que tiene el chavismo en el poder. El canciller de la dictadura, Carlos Faría, lo repitió durante la última Asamblea General de la ONU mientras servía como emisario, leyendo una carta firmada por Maduro.

Es un contexto especialmente complicado para el régimen venezolano, que busca levantar la producción de lo que alguna vez fue una potencia petrolera. A eso se le suma la caída del precio del crudo, que abrió la semana a un valor de 84,06 dólares, de acuerdo con el indicador Brent. Es el precio más bajo en nueve meses. La guerra de Rusia en Ucrania y la demanda de energía provocada a partir de esta, es una de las razones del declive.

Por Oriana Rivas – Panampost.com