Redacción BLes– Diez espías chinos que el gobierno afgano había arrestado previamente por planificar ataques terroristas e incriminar a los uigures, fueron repatriados por presión de las autoridades comunistas sin que sean procesados y sin que el escándalo sea noticia en el mundo.

El pasado 25 de diciembre de 2020, el Hindustan Times reportaba que diez espías chinos habían sido arrestados en Afganistán por formar parte de una célula terroristas que planificaba llevar ataques en la región con una intención aún más oscura detrás: incriminar a los uigures para poder justificar el genocidio del régimen chino en la provincia de Xinjiang.

Según Bitter Winter: “La semana pasada, un avión privado salió del aeropuerto de Kabul hacia un destino desconocido en China. A bordo iban diez ciudadanos chinos, que habían sido arrestados en Afganistán el 10 de diciembre, algunos en la casa de un tal Li Yangyang, que se cree es un agente de inteligencia de alto nivel, donde también se habían encontrado armas, municiones y drogas.”

Los espías chinos se habían involucrado con la Red de Haqqani, una organización de yihadistas asociados al Talibán aparentemente en un intento de recibir entrenamiento y asesoramiento para sus ataques, pero el servicio de inteligencia afgano frustró sus planes.

No obstante, según la evidencia obtenida en el caso, los agentes chinos pretendían llevar a cabo los ataques bajo el nombre de un ex grupo de terroristas islámicos llamado “El Movimiento Islámico del Turkestán Oriental” (ETIM).

El ETIM buscaba la liberación de la provincia de Xinjiang a la que los uigures se refieren como “Turkestán Oriental”, que hoy es parte de China.

El grupo terrorista estuvo activo hasta antes de 2003 cuando su líder fue asesinado por fuerzas de seguridad de Pakistán.

En 2020 el gobierno de Estados Unidos eliminó al ETIM de la lista de organizaciones terroristas alegando que no existían evidencias de que siguieran existiendo, lo cual enfureció a Beijing.

El régimen chino intentaba mediante esta bandera falsa, justificar la represión a los uigures en Xinjiang, a quienes Beijing acusa de ser “extremistas” y afirma que sus campos de concentración donde los tortura y fuerza a trabajar gratis, son lugares donde los uigures son “reeducados” o “desradicalizados”.

De acuerdo con el reporte inicial del periódico indio, el gobierno afgano demandó a Beijing una disculpa formal por los hechos. No obstante, el régimen chino envió sus diplomáticos a Afganistán para presionar que el caso sea desestimado y cajoneado.

Como consecuencia el presidente afgano Amrullah Saleh en persona se encargó de dar el visto bueno para repatriar a los espías chinos y desmentir lo sucedido.

“Ningún ciudadano extranjero ha sido arrestado en una operación en la zona de Khairkhaneh. Los arrestados son los palmadis que están bajo el alcance”, dijo Saleh en diciembre en un post de Facebook.

Las declaraciones del presidente afgano contradicen la información presentada por la Dirección Nacional de Seguridad del Afganistán en diciembre cuando los espías chinos fueron arrestados.

 “En cuanto a la red china, puedo confirmarle que, sí, han sido arrestados; sin embargo, no puedo entrar en detalles debido a la naturaleza sensible del caso”, afirmó Ahmad Zia Saraj, según la agencia de noticias Tolo de Afganistán.

 El genocidio contra los uigures musulmanes está bien documentado y un número cada vez mayor de gobiernos ha comenzado a tomar medidas contra los bienes importados de Xinjiang y fabricados con el trabajo forzado de estos prisioneros de conciencia.

 Una vez más, desafortunadamente, las relaciones diplomáticas dejan el sabor amargo de la complicidad entre gobiernos corruptos que evitaron que la noticia trascienda globalmente para que la comunidad internacional vea más claramente la perversidad del régimen comunista chino.

Álvaro Colombres Garmendia-BLes.com