Redacción BLes – Recientemente, el régimen chino dio a conocer las nuevas regulaciones que deberán observar las empresas que contraten celebridades para promocionar sus productos. Las compañías deberán evaluar completamente la situación profesional y el crédito social de las celebridades para evitar sanciones por contratar famosos que “contaminen el entorno social”.

Estos lineamientos se suman a la ya extensa red de sistemas de control social de ciudadanos chinos en distintas áreas, que inició en 2013 con un programa piloto para calificar la confiabilidad de los solicitantes de créditos en el área financiera. 

Luego, el Sistema de Crédito Social, que en sus inicios evaluaba la responsabilidad financiera, registros de deudas y comportamientos de compra, se extendió a hábitos de videojuegos, amigos virtuales y cumplimiento de las reglas en los espacios públicos.

Progresivamente, el control sobre aspectos sensibles de la vida de las personas chinas continuó extendiéndose a otros sistemas. La policía dispuso en casi todo el país el uso de dispositivos que permiten extraer y escanear rápidamente los datos de los teléfonos inteligentes. En veredictos judiciales condenatorios se han citado comunicaciones privadas extraídas de las aplicaciones de mensajería y video de cámaras de vigilancia pública que operan por reconocimiento facial.

La capacidad del gobierno chino para monitorear las vidas de los ciudadanos ha aumentado exponencialmente en los últimos años, continúa avanzando y tiende a convertirse en un instrumento para restringir libertades individuales. Ahora les toca a las celebridades.

Monitorear comportamientos sociales es lícito si la finalidad también lo es. En cambio, si se convierte en un instrumento de control social para fines poco claros, lo que en principio es un instrumento de protección puede tornarse siniestro.

Bien utilizada, la red podría garantizar moralidad, orden y seguridad para ciudadanos, figuras públicas y empresas. Pero dado que China está comandada por un régimen autocrático, no son infundados los temores de su uso extralimitado por parte del PCCh.

Requisitos para las celebridades que quieren triunfar en China

A partir de las nuevas pautas ordenadas por el PCCh, las celebridades quedan obligadas a adherir a “la orientación correcta”, es decir, “adherirse a la guía de los valores centrales socialistas”, y practicar “conscientemente los valores socialistas fundamentales en las actividades de respaldo publicitario” si quieren sumar puntos y tener alta calificación.

De esa manera, sumar puntaje equivale a realizar las actividades esperadas de la forma indicada, y cuidar que cada cosa que dice y hace no sea contraria a los valores del régimen, ya que toda la información que circula por sus redes y cámaras será evaluada y reportada sistemáticamente. 

Efectivamente, la celebridad debe hipotecar su libertad personal para acceder a empleos. Las empresas tienen como requisito observar “estrictamente” las calificaciones de los famosos que quieran contratar, ya que según el PCCh deben “limpiar efectivamente el caos en todos los eslabones de toda la cadena de respaldos publicitarios de celebridades”.

Tener un bajo puntaje en este sistema significa estar en la lista de mal comportamiento controlada por el gobierno. Las consecuencias van desde quedar excluido del mercado laboral, pasando por la prohibición de comprar boletos en transporte público, viajar al extranjero, comprar vivienda, e inclusive afrontar denuncias si realizan actividades “ilegales” como profesar una religión que no esté dentro de las reconocidas oficialmente.

El rol de las empresas: premiar y castigar a las celebridades

La indicación del PCCh para las empresas que decidan contratar celebridades para promocionar sus productos es clara: deben “limpiar efectivamente el caos en todos los eslabones de toda la cadena de respaldos publicitarios de celebridades”

A partir de ahora, la regulación del régimen obliga a las empresas a investigar previamente a los famosos que decidan contratar para “aprender completamente sobre la situación profesional y el crédito social de la celebridad”. Es decir, en adelante serán agentes de control de la reputación y comportamiento de ciudadanos famosos ante el PCCh.

Las consecuencias de esta modalidad de control social son muchas: no solo para las celebridades, también para las empresas nacionales que operan en China, o para las extranjeras que quieran expandirse al mercado de ese país. En caso de no familiarizarse pronto con los efectos del sistema de puntuación social chino, las empresas también pueden ser severamente sancionadas.

Para “aprender” sobre el crédito social de la celebridad, las empresas deben regirse por la “opinión vinculante” de la Administración Estatal para la Regulación del Mercado, el Ministerio de Cultura y Turismo, la Administración Estatal de Radio, Cine y Televisión, entre otras organizaciones, escrita en una guía de valores socialistas centrales del régimen comunista. Que sea “vinculante” quiere decir que conviene apegarse a ella si se quiere evitar sanciones.

Esta “guía de valores” hará que las empresas con sede en china contraten celebridades en función de un puntaje alto, que califica el nivel de confiabilidad de los ciudadanos. No es descabellado sospechar que las figuras “ilegales y poco éticas”serán aquellas que no se “apeguen al socialismo con características chinas”.

Lo cierto es que con estas medidas se asegura un sistema de control donde se siembra desunión entre celebridades y empresas, es decir entre semejantes. Se plantan como semillas intriga y desconfianza mutua. Lo que se cosecha es que cada uno sea enemigo de los otros. Se da por cumplido el principio maquiavélico que rige a los regímenes totalitarios: divide y reinarás.

Gran Hermano

Los avances para controlar a la población no solo se están implementando en China, algunos han sido exportados a otras regiones. Los pasos del modelo que Beijing exporta han ido hasta Latinoamérica, a pesar de las críticas por poner en jaque a los derechos humanos. Lo aún más preocupante es que deja una puerta abierta para que China controle toda la información que circula por sus redes y cámaras a nivel mundial.

Uno de los informes de la ONG Freedom House, que evalúa anualmente la disminución de la libertad global, concluyó que “Las aplicaciones de redes sociales como WeChat, utilizadas por cientos de millones de personas en China, monitorean de cerca las discusiones de los usuarios para cumplir con las restricciones de contenido del gobierno. Las cámaras de vigilancia, cada vez en mayor número y con software de reconocimiento facial, cubren muchas áreas urbanas y el transporte público, y se están expandiendo a las regiones rurales”.

Freedom House informa que China cuenta con una red de vigilancia de más de doscientos millones de cámaras, que se espera que lleguen a ser 2.760 millones en 2022 y que ha incrementado significativamente los controles sobre su ciberespacio.

Los países con los que China hace negocios en temas de infraestructura para telecomunicaciones, vigilancia con inteligencia artificial y reconocimiento facial, reciben sesiones de entrenamiento en China con directores de medios y funcionarios gubernamentales sobre nuevos medios y manejo de la información. Dado que el régimen se está apoderando -por ejemplo- de muchos puertos en la zona de indo pacífico, cabe preguntarse cuáles pueden ser las implicaciones de este plan.

Por Paula Verzello – BLes.com