El Reino Unido respondió contundentemente al régimen chino, luego de que este se burlara de su ampliación de las relaciones con Japón, “para hacer frente a la amenaza estratégica que supone China”, anunciada en Nueva York con ocasión de la 77ª Asamblea General de la ONU. 

Por un lado, la primera ministra, Liz Truss, se reunió con el primer ministro japonés, Fumio Kishida y le agradeció su apoyo a la solicitud del Reino Unido para unirse al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (CPTPP, por la sigla en inglés).

Adicionalmente, el gobierno de Truss ya se había comprometido con la región Indo-Pacífica, la Asociación de Diálogo con la Asociación de Naciones de Asia Sudoriental (ASEAN), y la alianza militar firmada entre Australia, Reino Unido y Estados Unidos (AUKUS), para contrarrestar los avances de China en la región del Indo-Pacífico.

Más aún, ese mismo día, 20 de septiembre, Kishida y Truss acordaron “… firmar un pacto bilateral de cooperación en materia de defensa en una fecha próxima e intensificar las conversaciones sobre una propuesta para desarrollar conjuntamente un avión de combate …”, informó Kyodo News. 

Vale la pena considerar que Truss se desempeñó como ministra de Asuntos Exteriores, en su cargo anterior, y desde allí fue una de las más firmes críticas de la política británica hacia el Partido Comunista de China (PCCh). 

Su antecesor, Boris Johnson, fue criticado por no ser suficientemente firme en esa relación, a juicio de sus electores. 

En este sentido, las declaraciones de Truss publicadas por CNBC a principio de este mes, muestran su decisión de contrarrestar el poder de un PCCh al que contempla como una amenaza en el escenario internacional.

“Los países deben cumplir las reglas y eso incluye a China”, enfatizó Truss, agregando que el régimen chino estaba “construyendo rápidamente un ejército capaz de proyectar su poder en zonas de interés estratégico europeo”.

Asimismo, se refirió al aspecto más sensible para la política exterior, no solo para el régimen, sino para la estabilidad mundial: Taiwán y su democracia. 

Truss dijo que el ascenso de China no era inevitable, y que Occidente debía garantizar que Taiwán pudiera defenderse. Para todos, es una preocupación la agresión constante con la que el PCCh trata de intimidar a los taiwaneses.

En este contexto, los medios oficiales de Beijing tildaron a Truss de ser una “populista radical” y agregaron que debería abandonar la “mentalidad imperial anticuada”.

Sin embargo, el analista, James Rogers, cofundador del think tank londinense Council on Geostrategy, dijo que Truss restringiría las compras estratégicas del PCCh en el país y buscaría integrar a otros países para que actúen con políticas similares.

Roger expresó: “Ella entiende que los beneficios económicos a corto plazo pueden tener un impacto estratégico y político a largo plazo, y tratará de equilibrarlos de forma más efectiva que en el pasado”.

Poco tiempo antes, Tokio y Londres habían estrechado sus vínculos para cooperar bilateralmente en cuanto a defensa. Estos permitirían a las Fuerzas de Autodefensa japonesas y el ejército británico efectuar entrenamientos conjuntos y otras labores de ayuda en caso de desastre.

Las burlas del PCCh

Ante la reunión de Truss y Kishida en Nueva York, el medio portavoz del PCCh, Global Times, atacó con burlas los anuncios, calificándolos de “trucos mezquinos” y provocadores con los que pretendía “contener a China”. También calificó a Reino Unido y a Japón de “hermanitos” de EE. UU. 

Además, el régimen chino aludió al supuesto debilitamiento del Reino Unido, diciendo: “Gran Bretaña, que todavía está inmersa en la antigua gloria del ‘imperio en el que nunca se pone el sol’, tiende a creer que todavía puede marcar la diferencia en los asuntos internacionales”.

En cuanto a Japón, lo acusó de pretender “convertirse en una potencia global y aumentar su poder de discurso en todo el mundo” y de ayudar a fortalecer a la OTAN en la región de Asia-Pacífico próxima a su territorio. 

Es de recordar que, anteriormente, los dos países han criticado abiertamente al PCCh por las violaciones a los derechos humanos y por las constantes amenazas contra Taiwán, democracia a la que trata de intimidar con la invasión territorial.

Reino Unido ignora las burlas y sigue con su estrategia

En este marco, conviene tener en cuenta que en marzo la revisión de defensa, seguridad y política exterior señaló que el régimen chino es la “mayor amenaza estatal” para la seguridad económica del Reino Unido y presenta un “desafío sistémico” para Gran Bretaña.

En consecuencia, Reino Unido emitió la orden de retirar todos los equipos de Huawei, de origen chino, de las redes 5G antes de 2027. 

Asimismo, bloqueó la compra de la empresa de software de diseño electrónico Pulsic por motivos de seguridad y, posiblemente, restrinja la compra de la mayor planta de semiconductores del Reino Unido, Newport Wafer Fab, por parte de entidades vinculadas al PCCh.

Así, además de proteger los intereses de Gran Bretaña, Truss declaró el 25 de septiembre que su gobierno asegurará con los países aliados que Taiwán adquiera la capacidad de defenderse. 

“Bueno, lo que he tenido claro es que todos nuestros aliados tienen que asegurarse de que Taiwán sea capaz de defenderse, y eso es muy, muy importante”, manifestó Truss. 

Más aún, para la primera ministra el impacto de sus políticas gubernamentales debería ser aún más amplio, dado que trabajará con los países miembros del G7, en contra de la “dependencia estratégica” de China.

Asimismo, insistirá en la implementación de una “respuesta común” a la amenaza de la agresión militar que emprenda el régimen chino, en aparente alusión a las agresiones contra Taiwán. 

Por otro lado, la estrategia restrictiva hacia el PCCh que sigue Reino Unido, representado por la primera ministra, Liz Truss, es parte de la tendencia mundial que, poco a poco, despoja al régimen chino de la importancia que se le atribuía en el pasado.

Además de las escandalosas violaciones a los derechos humanos, a muchos países les preocupan las amenazas de invasión con las que el PCCh intimida constantemente a Taiwán. 

En este sentido, al igual que Reino Unido, el ex secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, se ha convertido en un dedicado defensor de la integridad de Taiwán y de su democracia. 

Por lo que Pompeo declaró: “Si queremos un siglo XXI libre, y no el siglo chino, con el que sueña Xi Jinping, hay que acabar con el antiguo paradigma de la cooperación ciega”, en un foro económico celebrado en la ciudad de Kaohsiung, Taiwán, el 27 de septiembre. 

Y reconoció: “La conducta agresiva de China, diplomática, militar y económicamente… ha cambiado esta región. Y ha acercado aún más a los que prefieren la paz y el comercio”.

Más aún, instó a Estados Unidos a asegurar definitivamente la defensa de Taiwán y de sus habitantes, y a que reconozca oficialmente a Taiwán como un país libre y soberano.

Asimismo, dijo que la realidad es que Taiwán “no necesita declarar su independencia”, pues ya es una nación independiente.

José HermosaRedacción BLes