Redacción BLes –Los choferes de transporte público en China se han encontrado con nuevas medidas inquietantes acordadas por el Holding de Transporte Público de Beijing. Se les obligará portar brazaletes electrónicos para monitorear sus emociones.

Según las autoridades, dichos brazaletes servirán para monitorear la frecuencia cardiaca, el nivel de oxígeno en sangre, como así también las estadísticas de sueño y su estado emocional.

La entidad de transporte justifica esta medida afirmando que son necesarias para proteger la seguridad pública.

Alrededor de 1800 de estos dispositivos ya se han instalado entre los conductores de larga distancia y se prevé instalar en las unidades sistemas para el seguimiento del comportamiento anormal de los conductores y sistemas de advertencia de seguridad.

Después de realizar una prueba piloto con el dispositivo en junio de este año, la entidad de transporte dijo que “Proporcionar un brazalete de seguimiento es una forma de aplicar la tecnología para fortalecer la gestión de la salud física y mental de los conductores”.

Las alarmas saltaron entre los expertos legales al considerar la poca información dada por las autoridades sobre los datos que se recopilaran con el dispositivo en un marco de cada vez mayor control y vigilancia de los ciudadanos por el régimen chino.

En nombre del bien común

Una de las tácticas del PCCh para ampliar la red de vigilancia entre la población, es la de mostrar las medidas de control como un medio que ofrece seguridad y estabilidad, o como una herramienta de control sanitario.

 Este es el caso de las aplicaciones para teléfono móvil que las autoridades obligaron a instalar con la excusa de la lucha contra el Covid 19.

Un ejemplo fue lo sucedido en abril, en la ciudad de Zhengzhou.

La aplicación funciona con un sistema de codificación de semáforos. Cuando el usuario escanea el código QR de un lugar y este se vuelve verde, tiene permiso para entrar; si es rojo, es posible que tengan COVID-19 y deben ponerse en cuarentena.

Con el anuncio de la congelación de los depósitos bancarios de miles de personas, los clientes comenzaron a movilizarse para protestar contra las medidas y recuperar su dinero. Varias personas se encontraron con la imposibilidad de viajar al ver que repentinamente el código verde de la App Covid en su móvil cambió a código rojo, por lo que se les prohibió el uso del transporte.

Las denuncias de los testigos sugieren que el régimen usó la aplicación para evitar que las personas se manifestaran en las protestas

Alex Gladstein, director de estrategia de la Fundación de Derechos Humanos con sede en Nueva York, escribió en Twitter:

“De hecho, habría pensado que esto sucedió de manera más rutinaria en los últimos dos años, pero aparentemente este es un momento decisivo para usar herramientas de salud para reprimir la disidencia”.

El ojo que todo lo ve

China es hoy el país más vigilado del mundo con sus 540 millones de cámaras de circuito cerrado instaladas en todo su territorio.

 El informe del New York Times basado en unos 100 mil documentos de licitación del gobierno chino, muestran cómo la policía china almacena más de 2.500 millones de imágenes faciales en todo momento y además como 25 de las 31 provincias y regiones de China crearon bases de datos de ADN, incluso el de personas que no han sido condenadas

Según un documento de licitación de la policía, el objetivo de esta tecnología es para “controlar y gestionar a las personas”.

Alkan Akad, investigador sobre China de Amnistía Internacional, dijo a The Sun Online:

“Los proyectos de vigilancia masiva como ‘Skynet’ y ‘Sharp Eyes’ se implementan para mantener a las personas bajo observación constante en toda China”.

“Las agencias de seguridad pública de Beijing son actores clave en el desarrollo de esta expansión sin precedentes de la vigilancia. La vigilancia biométrica es omnipresente en la Región Autónoma Uigur de Xinjiang, en el noroeste de China”

“Las herramientas de vigilancia biométrica, incluido el software de reconocimiento facial, se encuentran entre las tecnologías de vigilancia digital más invasivas que permiten a los gobiernos identificar y rastrear a las personas en espacios públicos o distinguirlas en función de sus características fisiológicas o de comportamiento”.

“Estas tecnologías representan una clara amenaza para los derechos a la privacidad, libertad de reunión, expresión, religión y no discriminación”.

Ser bueno o malo, según el PCCh

Con las cámaras de vigilancia y el software de reconocimiento facial, entran en acción la inteligencia artificial (AI) y el sistema de crédito social para juzgar el comportamiento de los ciudadanos.

El sistema de crédito social premia o castiga a los ciudadanos juzgando su comportamiento según el estándar que impone el régimen chino en su momento.

Se mide con un sistema de puntos en el cual por ejemplo pagar las deudas a tiempo significa una buena acción recompensada con puntos, y hacer un comentario con aires de crítica al PCCh en las redes sería una mala acción, por lo que los puntos disminuirían.

La cantidad de puntos determinan el poder de acceder a la atención médica prioritaria, boletos de viaje, velocidades de Internet, créditos bancarios, etc. El programa tiene como objetivo “educar” a los ciudadanos dando libertades a quienes se comportan como buenos ciudadanos y limitar el movimiento a quienes no se ajustan al gusto del régimen.

La gran cantidad de datos individuales que se recopilan para aplicar este sistema son, desde su aplicación en el 2020, de dominio público y al ser obligatorio para todos los ciudadanos no hay posibilidad de elegir mantener su privacidad.

La movilidad y hasta la capacidad de supervivencia ha sido restringida severamente para quienes están en la lista negra del gobierno al descontarles sus puntos, afectando también a su entorno familiar.

Los criterios para aplicar los puntos no siguen un estándar y hasta cambian según los municipios. Las sanciones no consideran un juicio ni el derecho de apelar para ser eliminado de la lista negra.

El Sr. Roger Garside, un ex diplomático que trabajó como profesor de Estudios de China en la Escuela de Posgrado de la Marina de los EE. UU., dice que China es el Estado tecno-totalitario más avanzado que el mundo haya visto jamás con una censura muy extensa. Y agregó:

“Lo que me han dicho personas que crecieron en China continental y tienen parientes que aún viven allí es que si bien las personas prefieren vivir en un país libre, saben que no están viviendo en un país libre y muchos de ellos se ajustaron a ese hecho y se convencieron de que deberían contentarse con lo que tienen”.

“Se convencen a sí mismos de que están contentos con su suerte. No creo que esto equivalga a una profunda lealtad al régimen, ciertamente no equivale a la felicidad humana”.

“Visité China durante 30 días en 2017, me reuní con 58 personas y me sorprendió el sentido incierto de su propia identidad que tenían todos los que conocí”.

“Y comparo eso con los chinos de Taiwán que conozco. Encuentro que las personas de Taiwán son extrovertidas, tienen un sentido bueno y cómodo de su propia identidad”.

“Pero en China, encuentro gente muy, muy insegura”.

Por Michael Mustapich – BLes.com