Redacción BLesLas autoridades sanitarias del régimen chino y los responsables del Partido Comunista Chino (PCCh), están recibiendo una lluvia de críticas por obligar a la población a cumplir con cuarentenas exageradamente extensas. Esta semana falleció otro niño mientras estaba encerrado y la indignación de la población se incrementó. 

Los controles excesivos contra el virus de Wuhan impuestos por el régimen ya comienzan a ser poco creíbles y los confinamientos masivos y obligatorios están agotando la paciencia de la población.

El pasado martes una niña de apenas 4 meses falleció luego de sufrir vómitos y diarrea mientras estaba en cuarentena obligatoria en un hotel en la ciudad central de Zhengzhou, según informaron fuentes oficiales.

Su padre denunció haber tardado más de 11 horas en recibir ayuda médica luego de que los servicios de emergencia se negaran a atender a la bebé y a llevarla a un centro de salud.

Finalmente la niña fue enviada a un hospital a 100 kilómetros (60 millas) de distancia, donde encontró una rápida muerte que seguramente podría haber sido evitada si se actuaba a tiempo.

La muerte se produjo después de que el gobernante Partido Comunista prometiera este mes que no se impediría que las personas en cuarentena obtuvieran ayuda de emergencia.

El hecho revivió la polémica por las medidas orwellianas del régimen chino para combatir el coronavirus de Wuhan, las cuales incluyen confinamientos estrictos en pésimas condiciones, persecución y represión a quienes se atreven a no respetar las normas. 

Dado el fuerte control policial que existe en las calles para controlar que la gente no circule ni se reúna en grupos, la población optó por manifestar sus protestas en las redes sociales, las cuales se inundaron de mensajes contra el régimen y las autoridades sanitarias. 

“Una vez más, alguien murió debido a medidas excesivas de prevención de epidemias”, escribió un usuario en la popular plataforma Sina Weibo. “Ponen su puesto oficial por encima de todo lo demás”.

En algunos lugares, la gente cansada salió a las calles pero fueron duramente reprimidos lo que impidió que más gente intente utilizar esas formas de protesta. También se detectaron muchos inconvenientes con el personal de salud de determinados hospitales.

La muerte de la niña se dió apenas unos días después de que un niño de 3 años muriera mientras cumplía una cuarentena en la ciudad de Lanzhou. 

El padre de este niño dijo que trató de llamar a una ambulancia luego de que su hijo colapsara por una posible fuga de gas en su casa. Según declaró, pidió ayuda a los trabajadores de la salud en la puerta del complejo donde viven, pero lo derivaron con otra persona y le pidieron que mostrara una prueba de virus negativa. 

El hombre terminó llevando a su hijo en taxi a un hospital, donde los médicos no lograron reanimarlo.

Dos semanas antes de este suceso la BBC denunció que una niña de 14 años había muerto en China luego de haber sido obligada a permanecer encerrada en un centro de aislamiento por COVID. 

Guo Jingjing, la niña de 14 años, desarrolló fiebre dos días después de haber sido trasladada al centro en Ruzhou, provincia de Henan. Su padre, Guo Lele, publicó una serie de videos donde se la puede ver convulsionando y sin recibir ningún tipo de asistencia. 

“Los trabajadores de la salud en el centro no la cuidaron, nadie siquiera preguntó”, dijo en el video, que fue ampliamente compartido antes de que sea censurado en las redes sociales chinas.

La tía de Guo Jingjing dijo en un video que los seis miembros de la familia de la niña estaban en aislamiento, que Guo estaba allí por contacto cercano, pero que se encontraba bien y que después de 4 días terminó con fiebre alta y sin nadie para atenderla. Ella dijo:

“Hemos estado pidiendo ayuda desde las 3 am de anoche, incluida la línea directa del alcalde y la línea del centro para el control y la prevención de enfermedades, y no pudimos comunicarnos”. 

¿Cuánto tiempo más soportará los encierros el pueblo chino? 

Desde que comenzaron los preparativos para el congreso del partido comunista en Beijing hace algunos meses atrás, la censura y la vigilancia se intensificó, como así también las medidas restrictivas aplicadas a la población en nombre de la lucha contra el Covid.

Varias provincias argumentaron que algunas decenas de infectados eran motivo suficiente para mantener encerrada a su población durante semanas, lo que implicó graves consecuencias tanto en la economía como en la salud física y mental de los damnificados. 

Esta serie de medidas arbitrarias y de las que muchos sospechan son causadas por intereses de control político, más que sanitarios, hizo que la gente se sienta muy cansada y trate de desahogar su frustración en las redes sociales.

La ira por lo ocurrido con la niña en Ruzhou se expandió rápidamente después de que en poco tiempo más de 700.000 personas habían visto varios hashtags circulando con la información. En poco tiempo fueron censurados y sus publicaciones desaparecieron. 

Los casos de censura se multiplican, pero aun así, al régimen no le alcanza  para frenar el flujo de información que el PCCh considera sensible o peligrosa para sus intereses.

Una semana atrás, poco antes del Congreso del Partido Comunista Chino, un manifestante colgó pancartas en el puente Sitong en Beijing que decían:

“Di no a la prueba de Covid, si a la comida. No al encierro, si a la libertad”.

“Haz huelga, elimina al dictador nacional Xi Jimpng”

El sitio web Weibo, restringió la búsqueda que incluyen palabras como Beijing, puente, Sitong bridge, valiente, y otras que hacen alusión al suceso.

Por su parte, WeChat, la aplicación de mensajería más grande de China, con 1200 millones de usuarios en todo el mundo, comenzó a eliminar y a bloquear las cuentas de quienes compartieron la información, postearon las fotos, o comentaron sobre el tema.

Ser expulsado de WeChat, significa que muchos de los servicios ligados a esta cuenta no podrán usarse, como los códigos QR de salud, lo que implica la inmovilización del usuario en su rutina diaria y la incapacidad de utilizar los servicios digitales vinculados. 

Andrés Vacca –Redacción BLes