Redacción BLes – Desde hace décadas, el régimen chino es acusado de ser uno de los sistemas de gobierno más represivos de los derechos humanos del mundo, junto con el también régimen comunista que domina en Corea del Norte. 

De ahí se desprende que su asociación no pueda ser menos violadora de las garantías básicas de los miles de millones de personas sujetas a ellos. 

En este caso, es la Asociación de Madres por la Unificación (Tongil Mom), un grupo de derechos humanos formado por mujeres que huyen de Corea del Norte, la que denuncia ante el mundo sobre la tragedia que sufren las norcoreanas que viven bajo el Partido Comunista de China (PCCh). 

Los sufrimientos de estas madres se incrementan a causa del acuerdo de extradición celebrado entre estos dos regímenes comunistas. 

Tongil Mom, presentó recientemente el informe “¡Quiero abrazar a mi hijo!, con base en los cinco años de su investigación exhaustiva sobre la deplorable situación de estas mujeres. 

El informe relata que al ser recibidas en Corea del Norte, después de ser deportadas por el PCCh: “… son encarceladas, golpeadas, torturadas, y forzadas a abortos obligatorios”.

Y agrega: “… estas mujeres se ven obligadas a la trata de personas, a trabajar en la industria del tráfico sexual, y son separadas de sus hijos cuando logran reubicarse en [la amistosa] Corea del Sur”.

Asimismo, el medio Secret China, del 14 de noviembre, cita a Tongil Mom, denunciando la gravedad que reviste la extradición forzosa a la que somete el régimen chino a las norcoreanas que cruzan la frontera  entre los dos países, en busca de ayuda:  

“Asimismo, el grupo de derechos humanos ha criticado la inhumana política como una grave violación de los derechos humanos, que ha causado un gran daño a las mujeres y niños que han abandonado el país, así como a los ciudadanos chinos, y ha provocado la pérdida de innumerables madres e hijos”.

Relatos de algunas de las víctimas

Durante la realización de la investigación de Tongil Mom, muchas de las víctimas de estas violaciones aportaron sus testimonios. En uno de ellos participó, Kim Jeong-ah, una de las representantes de esta organización. 

Kim Jeong-ah huyó de Corea del Norte en 2006 y pasó por China, Birmania y Tailandia hasta llegar a Corea del Sur en 2009. Allí se graduó como máster en administración de empresas en la Universidad Femenina de Ewha. 

Dos hijas suyas viven en Corea del Norte y China y no las ha podido ver a lo largo de una década. Una de ellas le dijo: “Mamá, ya no me quieres, ¿verdad?” A Kim Jeong-ah le corrían las lágrimas al recordar sus sufrimientos. 

Luego contó que su tercer embarazo fue frustrado por su marido norcoreano, quien la hizo abortar a pesar de que el bebé ya tenía siete meses de gestación. El cuarto de sus hijos corrió con más suerte, porque su marido chino lo adoptó. 

Finalmente, ella fundó Tongil Mom y empezó a ayudar a las 2.000 madres desertoras de Corea del Norte que reúne la organización. Las descripciones de estas mujeres son similares o aún más trágicas que las de Kim Jeong-ah.

El impacto emocional negativo que sufren estas madres las martiriza continuamente, estén donde estén. Kim Jeong-ah lo explica de la siguiente manera:  

“Muchas de las madres se sienten avergonzadas y culpables por haber abandonado a sus hijos en China”.

Y agrega: “No quieren demostrarlo delante de la gente, pero cuando están solas se encierran en el baño o se van a la montaña a gritar; cuando llegué a Corea [del Sur] por primera vez, ni siquiera podía llorar”.

Además, las mujeres norcoreanas en China tienen un estatus social muy bajo. Esto se puede observar en el precio que los hombres pagan por ellas cuando las buscan para formar un hogar, o explotarlas sexualmente, su precio oscila entre 400 y 700 dólares.

Cuando se trata de mujeres chinas de origen rural, el precio sube a 7.000 dólares, y las provenientes de las ciudades pueden costar 14.000 dólares. 

Aunque no hay estadísticas oficiales sobre el número de mujeres norcoreanas que son explotadas bajo el régimen chino, se calcula que oscila entre 200.000 y 500.000. 

Asimismo, un informe publicado por la ONG Korea Future Initiative, en 2019, y presentado ante el Parlamento del Reino Unido, destaca: “… la vulnerabilidad de mujeres y niñas de tan solo 12 años, que son engañadas para escapar de Corea del Norte para ser vendidas como esclavas sexuales en China”.

El efecto en los niños

Como es de imaginarse, los niños nacidos de madres norcoreanas, inmigrantes y padres chinos que las compran, son también víctimas de violaciones similares en sus derechos humanos.

Por un lado, los niños pasan a ser rehenes de las familias que compran a sus madres. Esas familias ven a los pequeños como una garantía de que ellas no escaparán fácilmente, por amor a sus hijos. 

Pero los niños carecen de todos los derechos que concede el PCCh a los nacionales. La razón principal es que para registrarlos se requiere la identificación de las madres, pero esto haría que las deportaran a Corea del Norte, donde seguramente serían torturadas severamente. 

En este contexto, el defensor de los derechos humanos de Corea del Norte, Sungju Lee, un desertor de la República Popular Democrática de Corea, expresó a un grupo parlamentario “Estos niños, sin derechos humanos básicos, viven como si no existieran”.

Asimismo, relató sobre un niño de siete años residente en la provincia de Jilin, China: “El niño debía empezar a ir a la escuela como los demás niños, pero no pudo hacerlo porque no tenía ciudadanía. No tenía educación ni amigos”.

Y agregó: “Incluso cuando se sintió enfermo, [su madre] no pudo llevarlo al hospital”, dijo Lee, “y dijo que ese era el momento más doloroso de ver para la madre”.

Un informe calculó que había 30.000 niños nacidos de madres norcoreanas, escapadas del régimen de su país, viviendo en China sin acceso a la escolarización, la atención sanitaria o la ciudadanía, según unos diputados.

Quiénes deberían responder

Los críticos responsabilizan a ambos regímenes comunistas, al PCCh y al del régimen del líder, Kim Jong-un, por los atroces abusos a los derechos humanos cometidos en los respectivos países que controlan.

El Instituto Coreano para la Unificación Nacional (KINU, por la sigla en inglés) considera que: “… China ha violado su obligación de no devolución al devolver por la fuerza a los norcoreanos [que serán sometidos] a condiciones de extremo peligro”.

Además, el mismo documento cita a un alto funcionario que señala que en China: “… sus funcionarios podrían estar: ‘ayudando e instigando crímenes contra la humanidad’”.

Igualmente, analiza las justificaciones y los argumentos del PCCh, y examina si se puede establecer una obligación de no devolución de [acuerdo con] la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados o de la Convención contra la Tortura de los Refugiados, emitidas por la ONU.

Las violaciones bajo el régimen chino no son cometidas únicamente contra las mujeres extranjeras que son traficadas hasta su territorio, sino también contra las detenidas en los campos de trabajo forzado en el Tíbet, y a las musulmanas esclavizadas en Xinjiang, de acuerdo con informes de Bitter Winter

Estas atrocidades, cometidas contra ellas rutinariamente, permiten pensar en que se trata de una práctica institucionalizada por estos regímenes, que creó una terrible “cultura de la violación”.

Los informes especifican que los guardias de los campos de reeducación tibetanos usan picanas eléctricas para ganado “para controlar y torturar a los reclusos, y es común que los usen para violar a las mujeres insertándolos en sus partes íntimas”.

Y agregan: “Esto les ocurre habitualmente a las monjas, a quienes se les dice que sus cuerpos ‘pertenecen’ al PCCh en lugar de a los monasterios”.

Prácticamente, no hay grupo étnico o religioso que se escape a la represión o al abuso de sus derechos humanos por parte del régimen chino. 

Incluso, con la masiva imposición de las rígidas políticas en busca del Covid cero, decenas de millones de miembros de la etnia Han, mayoritaria en el país, sufren las crueles consecuencias.

Simultáneamente, la turbulencia social contra las políticas arbitrarias del PCCh sigue creciendo incesantemente, al grado de que el analista Dr. Gordon Chang, escribió en uno de sus tuits del 15 de noviembre: 

“China puede entrar en erupción. Todos en el Planeta Tierra tienen un interés en lo que sucede o no sucede, a medida que los chinos comienzan a liberarse de los controles”. 

José Hermosa – Redacción BLes