Redacción BLes – El régimen chino publicó su postura oficial sobre la República de China (ROC, nombre oficial de Taiwán), en un libro blanco difundido el 10 de agosto, tras meses de acoso intenso. El título del libro es “La cuestión de Taiwán y la reunificación de China en la nueva era”.

Es de recordar que Taiwán nunca ha sido gobernado por el Partido Comunista de China (PCCh), no obstante este pretende anexionar su territorio, incluyendo a sus 23 millones de habitantes, y alegando polémicos antecedentes históricos.  

“Las autoridades de Beijing nunca han ejercido la soberanía sobre Taiwán u otras islas administradas por la ROC”, según la reseña histórica de la página web del gobierno de la isla. 

Además, el Consejo de Asuntos Continentales de Taiwán (MAC, por la sigla en inglés) afirmó que el libro blanco está: “lleno de mentiras, de ilusiones y de un completo desprecio de la verdad” y recalca que la ROC es un Estado soberano.

“Solo los 23 millones de taiwaneses tienen derecho a decidir sobre el futuro de Taiwán, y nunca aceptarán un resultado establecido por un régimen autocrático”, proclamó el MAC. 

Y agregó: “Este libro está lleno de mentiras, incluyendo comentarios engañosos sobre las supuestas perspectivas de desarrollo de Taiwán después de la unificación, e intentos de trasladar la culpa de la invasión hostil del PCC a la soberanía de Taiwán”.

Son muchas las evidencias que permiten dudar acerca del cumplimiento de las promesas que el régimen chino divulga en su libro blanco sobre Taiwán. 

El contenido del reciente libro blanco ha suscitado fuertes críticas, dado que postula la política de “Un país, dos sistemas” para un Taiwán post-unificación, prometiendo que “Taiwán puede continuar con su actual sistema social y disfrutar de un alto grado de autonomía de acuerdo con la ley”.

Sin embargo, estas promesas quedaron muy desacreditadas tras el incumplimiento del PCCh del tratado internacional en el que prometió respetar los derechos democráticos de Hong Kong. 

El PCCh aplastó esos derechos con la Ley de Seguridad que impuso en 2019. Como resultado, decenas de defensores de la libertad de Hong Kong terminaron en las cárceles, y cientos de ellos emigraron para seguir luchando por sus ideales. 

De hecho, en la nueva versión del libro blanco, el régimen chino ya incumple con las versiones emitidas en 1993 y 2000, de acuerdo con las cuales Beijing “no enviaría tropas ni personal administrativo a Taiwán”, pero ahora sostiene que “no renunciará al uso de la fuerza” para ‘reunificar’ a Taiwán.

Asimismo, el PCCh eliminó del nuevo libro blanco las promesas que hizo en los anteriores acerca de que Taiwán mantendría “los derechos administrativos, legislativos, judiciales independientes y de adjudicación final”, así como “la autonomía en materia de partidos, gobierno, economía y finanzas”.

Además, aunque promete en la versión de 2022 que “el sistema social de Taiwán y su forma de vida serán plenamente respetados, y la propiedad privada, las creencias religiosas y los derechos e intereses legítimos del pueblo de Taiwán serán plenamente protegidos”, subsisten de las dudas de que lo cumplirá. 

Basta con observar la implacable campaña de exterminio que desde hace 23 años ejecuta contra los practicantes de la cultura espiritual Falun Dafa, basada en Verdad, Compasión y Tolerancia. Estos hechos señalan que no existe la libertad religiosa en el régimen comunista chino.

Los argumentos con los que Beijing trata de justificar la anexión de Taiwán incluyen la prevención de que la isla sea invadida por otros países, a pesar de que las delegaciones de varios de ellos hacen fila para manifestarle su apoyo, viajando hasta allá. 

La opinión de los taiwaneses

Más alejado aún de la realidad está el argumento del supuesto apoyo que el PCCh dice tener de la mayoría de los taiwaneses, para la invasión.  

De acuerdo con una encuesta, el deseo de los taiwaneses de una unión política con la China continental ha caído a un mínimo histórico en la primera mitad de 2022, según informó el principal encuestador de la isla, el Centro de Estudios Electorales (CES), el mes pasado.

Los resultados señalaron que el 63,7% se identificó únicamente como “taiwanés”, una cifra casi récord. Asimismo, el 30,4% dijo ser “tanto taiwanés como chino”, y solo el 2,4% de los encuestados se identificó exclusivamente como “chino”.

Durante el tiempo del líder Xi Jinping en el poder, su retórica nacionalista y sus políticas asertivas hacia Taiwán contribuyeron a aumentar del deseo de autodeterminación de los taiwaneses, y una menor asociación con la China continental, sugiere la encuesta.

Por otro lado, las amenazas que emite el régimen contra los actuales dirigentes taiwaneses, pertenecientes al Partido del Progreso Democrático, hacen prever lo peor. 

El PCCh ya ha emprendido acciones legales contra ellos, acusándolos de “separatistas acérrimos”, delito que castiga según la Ley de Seguridad Nacional aprobada en 2015.

Como si fuera poco, a la anexión seguiría una exhaustiva ‘reeducación’ de los taiwaneses, según declaró el embajador de China en Francia, Lu Shaye, lo que solo sirve para preocupar aún más a quienes no han decidido qué camino tomar en estas circunstancias. 

Para Lu: “las autoridades de Taiwán” han “adoctrinado e intoxicado eficazmente” a la población mediante políticas de “deschinización”. Por eso: “Es necesario reeducar [a la población de Taiwán] para eliminar el pensamiento separatista y la teoría secesionista”.

O como lo registra el libro blanco: “aumentar el conocimiento de nuestros compatriotas sobre la China continental y reducir estos conceptos erróneos y recelos, para ayudarles a resistir la manipulación de los separatistas”.

Esta perspectiva hace pensar de nuevo en los campos de concentración en los que millones de uigures, kazajos y otros miembros de grupos minoritarios musulmanes son sometidos a trabajos forzados y extenuantes adoctrinamientos, en la región del Xinjiang. 

Esta polémica operación de ‘reeducación’ ha sido calificada por los gobiernos de varios países como un genocidio, a pesar de que el PCCh evade su responsabilidad.

“¿Cómo se puede enseñar a los taiwaneses amantes de la libertad a identificarse con el autoritarismo y a amarlo?”, cuestiona el autor Chang Ping, en un artículo de Deutsche Welle, el 13 de agosto.

Por su parte, el exsecretario de estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, explotó en uno de los tuits del 12 de agosto:

Taiwán es un país libre y soberano. No pertenece a China. ¿Quieres pruebas? Me han prohibido estar en China porque me atreví a responsabilizar al PCCh por sus acciones. Sin embargo, caminé libremente por suelo taiwanés y recibí una calurosa bienvenida tanto del pueblo como del gobierno”.

¿La invasión a Taiwán significaría el fin del PCCh? 

A pesar de la gigantesca desproporción que hay entre los recursos disponibles del PCCh y los de la República de China, no está claro cuál de los dos sistemas de gobierno sufriría las peores consecuencias, en caso de invasión militar.

Es claro que el pueblo taiwanés está decidido a defenderse, tal como lo expresó su presidenta, Tsai Ing-wen, el 9 de octubre en la oficina presidencial en Taipei. 

“No actuaremos precipitadamente, pero no hay que hacerse ilusiones de que el pueblo taiwanés vaya a ceder a las presiones”, dijo Tsai.

Y añadió: “Esto se debe a que el camino que China ha trazado no ofrece ni un modo de vida libre y democrático para Taiwán, ni la soberanía para nuestros 23 millones de habitantes”.

Asimismo, el primer ministro de Taiwán, Su Tseng-chang, respondió a las amenazas del régimen comunista chino, expresando el año pasado: “También les decimos a las fuerzas extranjeras que quieren invadir y apoderarse de Taiwán que no se hagan ilusiones”. 

Además, manifestó: “Hoy en día, hay países poderosos que quieren engullir a Taiwán utilizando la fuerza, y del mismo modo, tampoco tenemos miedo de que nos maten o nos encarcelen. Debemos proteger este país y esta tierra, y no ser como ciertas personas que siempre hablan del prestigio del enemigo y hablan de nuestra determinación”.

En este sentido, el reconocido diplomático británico, Charles Parton, experto en China, Hong Kong y Taiwán, sostiene que invadir a Taiwán podría ser el mayor error del régimen chino, implicando, incluso, la desaparición de este, según su artículo del 4 de agosto. 

Parton menciona, entre otros aspectos, las desastrosas consecuencias para el régimen chino en el caso de que Taiwán suspenda la producción de microchips.

“La pérdida de semiconductores taiwaneses importados, base de todos los dispositivos informáticos y teléfonos móviles, devastaría por sí sola la economía china”, escribió Parton. 

En ese caso, todo el mundo resultaría gravemente afectado, considerando que cerca de la mitad de los semiconductores que se fabrican en el mundo -y dos tercios de los de alta calidad- son fabricados en Taiwán. 

“Nadie es más consciente de los peligros de ese error de cálculo que los dirigentes chinos”, afirmó Parton. 

Y agregó: “El presidente Xi Jinping sabe que si se arriesga y pierde, las repercusiones podrían destruir la economía china o incluso hacer caer al Partido Comunista que gobierna desde 1949”.

José HermosaRedacción BLes