Con presencia militar en Venezuela y Cuba, el Gobierno de Vladimir Putin dejó claro que un ataque a EEUU es posible, pero existen dudas fundamentadas de que la amenaza se concrete. El experto en relaciones con Rusia, Vladimir Rouvinski, dijo a PanAm Post que Moscú debe recordar que una de las razones por las que cayó la URSS fue por los gastos relacionados con la guerra

Expertos han advertido durante largo tiempo sobre las ambiciones de potencias como Rusia, China e Irán por establecerse en el hemisferio occidental y reforzar alianzas en América Latina. Este miércoles, el gobierno de Vladimir Putin dejó claro que, en efecto, tener presencia en este lado del planeta le serviría para un eventual ataque a Estados Unidos, su principal enemigo.

Las tensiones con Washington se dispararon los primeros días de 2022. Ni la reciente reunión en Ginebra entre ambos países, ni en las conversaciones en Bruselas entre representantes de la OTAN y el Kremlin parecen generar resultados. Las incomodidades aumentaron desde que Rusia comenzó a enviar el año pasado soldados a la frontera con Ucrania, avizorando una posible invasión. Actualmente se estima que hay unos 100.000 soldados rusos en el límite fronterizo.

Todo este escenario llevó a que el viceministro de Exteriores ruso, Serguéi Riabkov, declarara que «no descarta» responder a EE. UU. con el despliegue de tropas a Cuba y Venezuela. En junio de 2021 en PanAm Post conversamos sobre este tema con el experto en seguridad global, Joseph Humire. Allí se planteaba la tesis de la creación de una «Gran Colombia» promovida por estos tres países a través de la economía ilícita y grupos armados para garantizar su presencia en este lado del mundo.

El arsenal ruso en Venezuela

Con China apoderada de grandes depósitos de petróleo venezolano, Rusia haciendo la distribución de mucho de ese petróleo e Irán estableciendo acuerdos informales para el envío de buques y de alimentos, Venezuela se ha convertido en una «plataforma» que si las palabras del viceministro de Exteriores ruso se hicieran realidad, ayudaría a concretar la transgresión de la paz estadounidense.

No hay que olvidar que Moscú ya ha establecido convenios para la venta de armas e inducción militar a Venezuela. «Como si Putin no hubiera estado enviando bombarderos militares, tecnología y buques de guerra a Cuba y Venezuela desde hace años», recordó esta vez Humire vía Twitter.

A finales del año pasado el Kremlin también confirmó la futura activación en 2022 de una fábrica de fusiles Kalashnikov, acordada cuando el dictador Hugo Chávez aún vivía. Seis meses atrás, en junio de 2021, el Gobierno de Putin anunció que iba a proveer más armas y formación militar a los regímenes de Venezuela, Nicaragua y Cuba. Son solo dos anuncios de una relación bélica de larga data.

¿Próxima guerra o palabras sin fundamentos?

Hay que mirar detalladamente lo que ocurre con Ucrania y las incomodidades de Putin para entender las declaraciones de su gobierno. Rusia exige que países vecinos que fueron repúblicas soviéticas como Ucrania y Georgia, no sean nunca admitidos en la OTAN. Quiere evitar la expansión de la alianza.

A pesar de conversaciones recientes entre Rusia y naciones de occidente con la mediación de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), no hubo resultados. Solo se acordó seguir dialogando. El ministro de Exteriores de Polonia, Zbigniew Rau, quien funge como presidente temporal de la OSCE aclaró que esas garantías de seguridad que demanda Rusia no se pueden obtener a costa de limitar las decisiones soberanas de otros Estados. Rechazó la posibilidad de establecer esferas de influencia, según el reporte de EFE.

Ahora bien ¿realmente hay riesgo de que Rusia ataque a EE. UU. con tropas desde Cuba y Venezuela? Es claro que las relaciones diplomáticas están golpeadas. Las embajadas de Rusia en EE. UU. y viceversa tampoco funcionan. Los canales regulares dejaron de ser efectivos.

El único discurso que le queda a Putin —o por lo menos lo que él cree— es una amenaza para forzar a EE. UU. a sentarse y negociar, así lo cree Vladimir Rouvinski, profesor de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad ICESI en Cali, Colombia, en declaraciones ofrecidas a PanAm Post.

Si bien Rusia ha armado a Cuba y Venezuela, no le conviene iniciar una guerra desde estos países. Los costos monetarios serían demasiado elevados, según el experto. «Putin es consciente de que una de las razones por las que murió la Unión Soviética fue por los gastos enormes relacionados con el sostenimiento de países satélites como Cuba o de algunas naciones en África», agregó.

Rouvinski recordó cómo la URSS gastó el 25 % de su Producto Interno Bruto en guerras. Actualmente los ciudadanos rusos atraviesan una economía relativamente estable. Entrar en conflicto bélico desmejoraría esa calidad de vida.

«Se trata de retóricas y narrativas que buscan llamar la atención de EE. UU. de decir: ‘podemos hacer esto’. Pero no van a hacerlo, yo creo, porque significa gastos enormes que Rusia en este momento no puede hacer».

A futuro, en Cuba, podría ser «ligeramente diferente» dado que en la isla ya existía la base militar de Lourdes, ubicada al sur de La Habana y cerrada en el año 2001.

«A veces veo que Rusia confunde la propaganda, entre lo que dicen a la opinión pública de su país y lo que dicen a EE. UU. o Europa. Ellos pierden el control sobre el discurso y evidencia la desesperación de forzar a Biden respecto a lo que quiere Putin».

A pocos pasos de cruzar las líneas rojas

El mundo recuerda cuando Biden llamó «asesino» a Putin y este le respondió con ironía y molestia. Pero en ese momento los expertos negaban el cruce de líneas rojas diplomáticas. Ahora las cosas cambiaron, y no para bien. Sin embargo, Putin debe sopesar la propia estabilidad de su país antes de tomar una decisión bélica.

Mientras tanto, el Senado de EE. UU. presentó un proyecto de ley con un paquete de sanciones contra Rusia ante un eventual ataque a Ucrania. Es una respuesta que pretende meter en cintura a Moscú sin necesidad de una guerra que incluya a Europa. Y es que ambos países son potencias nucleares. Si se declaran la guerra, la catástrofe sería inminente. Con el proyecto de ley se enviarían dos mensajes, insiste Rouvinski, que no habrá una guerra nuclear pero tampoco faltarán castigos para Rusia.

La pandemia del coronavirus y las decisiones desacertadas de Biden desplazaron las relaciones con Putin en su lista de prioridades y eso generó molestias en el mandatario ruso. Las líneas rojas siguen existiendo, y cruzarlas no significaría necesariamente una guerra, también puede traducirse en el derrumbamiento de las conversaciones. Sin embargo, dialogar se torna necesario porque «cuando no hablan los políticos, hablan las armas».

Oriana Rivas – Panampost.com

Suscríbete para recibir nuestras últimas noticias

Al enviar este formulario, acepto los términos.