Parece un chiste machista y derechista, pero es cierto. Luego de asumir emocionada, Magdalena Andersson tuvo que renunciar a su cargo a las pocas horas

Magdalena Andersson había asumido emocionada. No era para menos. Desde 1876, el puesto de primer ministro ha sido siempre ocupado por un sueco. La socialdemócrata, amiga de la causa feminista, fue la primera mujer en la historia en ocupar el Poder Ejecutivo de su país. Pero ese no fue el único motivo por el que pasará a la historia. También lo hará por haber sido la premier que menos tiempo ha durado en el cargo. A las ocho horas de haber asumido, por diferencias en su coalición de gobierno, tuvo que renunciar.

En su primera gestión parlamentaria, en el marco de la discusión del presupuesto, su Gobierno aceptó los requisitos de la izquierda, que proponía gastos e iniciativas que disgustaban desde el centro hasta la derecha del arco político de Suecia. Pero en lugar de conseguir la mayoría para aprobar la propuesta, el Gobierno de Andersson perdió los votos de una bancada que ya tenía: los del Partido Centrista.

La fuerza política de centro, que había apoyado a la sueca para el Poder Ejecutivo, dijo que de ninguna manera pensaba votar a favor del presupuesto que deseaba la izquierda. La problemática numérica llevó a Andersson a recalcular y a buscar un aliado impensado para aprobar la ley necesaria como para comenzar su gestión: el partido de la derecha.

En medio de las negociaciones políticas de un día agitado, los nuevos aliados pusieron sus condiciones para un presupuesto diferente y todo parecía indicar que se votaría. Sin embargo, nada de esto ocurrió. De la misma manera que el partido de centro dijo que no pensaban votar el presupuesto de la izquierda, los del partido ecologista, que formaban parte de la coalición de Andersson, pegaron el portazo y se fueron del frente de gobierno. Argumentaron que no se prestarían al presupuesto de la derecha.

Absolutamente desgastada en tiempo récord, la primera primer ministro de Suecia decidió abandonar su cargo, luego de ocho horas que recordará por el resto de su vida.

“Hay una práctica constitucional según la cual un gobierno de coalición dimite cuando un partido se va. No quiero dirigir un gobierno cuya legitimidad está en entredicho”, fueron las últimas palabras de Magdalena Andersson en el cargo.

Ahora, Suecia tiene que barajar y dar de nuevo.

Marcelo Duclos – Panampost.com

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