Redacción BLesAngela Merkel, Mario Draghi, el primer ministro italiano, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea y Charles Michel presidente del Consejo Europeo se opusieron a que en la Cumbre del G7 se condene duramente la práctica del trabajo esclavo chino del régimen comunista en la provincia de Xinjiang, China, y optaron por utilizar un enfoque más ‘cooperativo’, reportó Breitbart.

Una fuente dentro del gobierno estadounidense que habló anónimamente con el medio The Times, dijo que la reunión sobre política extranjera se basó completamente en cómo lidiar con China. Mientras que Estados Unidos, Canadá, Francia, Japón y el Reino Unido propusieron un lenguaje duro, los líderes europeos presionaron para adoptar un tono más suave buscando conciliación con el Partido Comunista Chino.

Aparentemente la postura europea ganó el debate, ya que en el ‘Comunicado de los líderes del G7: Nuestro programa común de acción mundial para reconstruir mejor’ no mencionaron a China en absoluto:

“Nos preocupa el uso de todas las formas de trabajo forzoso en las cadenas de suministro mundiales, incluido el trabajo forzoso patrocinado por el Estado de grupos vulnerables y minorías, incluso en los sectores agrícola, solar y de la confección,” dijo el G7.

No obstante, en el reporte de 25 páginas del comunicado del G7, los líderes acordaron hacer una mención muy superficial de una pequeña parte de los incontables crímenes de lesa humanidad que el Partido Comunista Chino sigue llevando a cabo contra sus propios ciudadanos.

“Promoveremos nuestros valores, entre otras cosas pidiendo a China que respete los derechos humanos y las libertades fundamentales, especialmente en relación con Xinjiang y con los derechos, las libertades y el alto grado de autonomía de Hong Kong consagrados en la Declaración Conjunta Sino-Británica y en la Ley Básica”, dice el reporte del G7.

La fuente del gobierno americano dijo que entre los líderes del G7 había “un poco de diferenciación de opiniones, no sobre si la amenaza está ahí, sino sobre qué tan duros, desde una perspectiva de acción, los diferentes miembros del G7 están dispuestos a ser”.

Joe Biden por su lado dijo que estaba ‘satisfecho’ con el lenguaje utilizado para con el PCCh: “Estamos en una competición, no con China en sí, sino con los gobiernos autocráticos de todo el mundo, para ver si las democracias pueden competir con ellos en el cambiante siglo XXI”.

La postura dura del gobierno de Estados Unidos es una herencia del expresidente Donald Trump, el primero en décadas en enfrentar no solo el trabajo forzado del régimen chino, sino las múltiples violaciones a los derechos humanos particularmente las persecuciones religiosas.

Por su lado, la Unión Europea a principios de año firmó un contrato comercial con China de 120 mil millones de euros convirtiéndolo en su principal socio comercial.

No obstante, en una acción conjunta, legisladores europeos, canadienses, estadounidenses y británicos, impusieron sanciones económicas al PCCh por el genocidio contra los uigures de la provincia de Xinjiang y como consecuencia el tratado fue suspendido.

Xinjiang es la punta de un iceberg

Decenas de reportes publicados en la página web de Minghui.org documentan la extensiva tortura a la que los practicantes de Falun Dafa son sometidos desde el año 1999.

Los practicantes no solo son forzados a trabajar gratis por más de 12 y hasta veces 16 horas por día en condiciones inhumanas, sino que también sufren otros tipos de torturas en los campos de trabajo que apuntan a quebrar su voluntad para hacerlos renunciar a su fe.

Millones de estos productos son exportados por grandes empresas y en algunos casos, los prisioneros de conciencia logran enviar mensajes escondidos en los productos, como el famoso caso de una mujer de Oregón que encontró una carta que describe las torturas en una caja de Halloween comprada en K-Mart en 2012.

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Trabajo forzado en China, productos tóxicos para el mundo

Si bien el sistema de campos de trabajo forzado fue cerrado por Xi Jinping en 2013, muchos de estos lugares simplemente cambiaron de nombre para seguir funcionando como fábricas clandestinas.

En China, algunos empresarios sin ética producen y venden secretamente productos prohibidos o tóxicos a cambio de recibir enormes ganancias. Para evitar la inspección por parte de las fuerzas de seguridad, estas compañías hacen negocios con campos de trabajos forzados y prisiones. Estos lugares están controlados por el sistema del PCCh y no requieren ninguna vigilancia. Como las autoridades se niegan a inspeccionarlos, estos lugares se convierten en instalaciones de producción clandestinas.

A los practicantes de Falun Dafa, que componen más del 70% de la población en estos lugares, no se les proporcionan medidas de protección, como mascarillas y guantes. Como resultado, muchos han perdido la vida.

Los productos terminados se venden a nivel nacional e internacional, sin mencionar explícitamente la toxicidad de los materiales empleados en su elaboración. Como consecuencia numerosos consumidores se han visto afectados sin saberlo.

Motivado por las enormes ganancias, el campo de trabajo forzado de la ciudad de Jiamusi, en la provincia de Heilongjiang, firmó un contrato con una empresa de este tipo para fabricar fundas para teléfonos celulares y alfombrillas para asientos de automóviles utilizando materiales tóxicos, que terminan siendo perjudiciales para los consumidores.

El almacén del campo de trabajo estaba lleno de gases venenosos, oliendo tan mal que ni siquiera los guardias que supervisaban todo, podían soportarlo. Pidieron que la oficina de supervisión de calidad y tecnología hiciera una prueba. Los resultados mostraron que los componentes cancerígenos y las toxinas de las materias primas excedían con creces el límite permitido. Después de la inspección, los guardias de la prisión prefieren permanecer afuera en el frío helado del invierno, que entrar en el almacén. Sin embargo, fuerzan a los reclusos a trabajar horas extras para terminar los contratos a tiempo.

Al estar expuestos a este ambiente tóxico muchos practicantes sufrieron hemorragias nasales, arritmias cardiacas, dificultades respiratorias, enrojecimiento de los ojos y toda forma de secuelas físicas.

Este reporte es la punta de iceberg de las graves violaciones a los derechos humanos del Partido Comunista Chino.

Alvaro Colombres Garmendia – BLes.com