Redacción BLes– Una valiente mujer venció la dura espera de 114 días para ver a su esposo con Alzheimer, al que no podía ver a causa de la pandemia, hasta que  tomó el trabajo para lavar los platos del asilo en EE. UU. en donde él se alojaba. 

Mary Daniel visitaba todos a su esposo y le ayudaba a prepararse para dormir todas las noches en el centro de vida asistida y cuidado de la memoria Rosecastle en Jacksonville, Florida, desde que le diagnosticaron Alzheimer prematuro, relata CBS News del 10 de julio. 

Obviamente, desde que se declaró en marzo el aislamiento por causa del virus del PCCh (Partido Comunista de China), los esposos se vieron separados.

“Lo puse en un centro de cuidado de la memoria y todo iba muy, muy bien”, dijo Mary quien observaba los progresos de Steve, su esposo. “Estaba prosperando con toda la gente, y en marzo, obviamente todo cambió”, agregó ella. 

A partir de esa inesperada separación Mary inició una inagotable campaña para obtener los permisos para volver a visitar a Steve, pero solo logró que se vieran desde la ventana dos veces por semana, lo que para él significaba un sufrimiento que se expresaba en sus lágrimas dado que no entendía la razón del alejamiento. 

 “Él solo lloraba. No puedes explicárselo”, explicó Mary. 

En busca de soluciones la valiente mujer no cesó de hacerle propuestas al asilo en el que se hallaba su esposo.

Mary les propuso a los encargados del centro que podría traer un perro de terapia o, mejor aún, intervenir como voluntaria en alguna de las áreas de la institución.

Ante su insistencia, la administración le ofreció el puesto como lavadora de platos, lo que Mary aceptó de inmediato y felizmente desde el 3 de julio se reunió de nuevo con Steve. 

“Él tenía los ojos llenos de lágrimas”, compartió emocionada Mary a través de su cuenta de Facebook. “Me tocó la cara, incluso con la máscara puesta, siguió relatando ella.

Antes tuvo que cumplir con una serie de requisitos que incluían pruebas para determinar si era portadora del virus del PCCh (Partido Comunista de China), entre otros. 

“Después de 114 días, hoy puedo abrazar a mi marido. También lavé muchos platos”, agrega la consolada mujer.

“¡Prueba de que donde hay una voluntad hay un camino!”, finalizó convencida de lo acertado de su insistencia por ayudar a su esposo con alzheimer.

José Hermosa- BLes.com