Redacción BLesUn informe publicado el viernes por investigadores británicos asegura que la producción mundial de paneles solares está siendo impulsada por el trabajo forzado de musulmanes uigures por parte del régimen chino en la provincia de Xinjiang, China. De este modo, una parte significativa de la cadena de suministro global de una de las principales fuente alternativas planteadas por la administración Biden para reemplazar los combustibles fósiles, estaría contaminada con sangre y corrupción.

Una nueva investigación de la Universidad de Sheffield Hallam, sugiere que gran parte de la producción mundial de paneles solares, podría depender de la explotación de la población uigur y otras minorías étnicas y religiosas en China.

La investigación sugiere que el régimen chino tiene entre el 71% y el 97% de la capacidad mundial de varios componentes de paneles solares. Solo Xinjiang produce casi la mitad del polisilicio de grado solar del mundo y alberga fábricas para algunos de los principales actores de la industria.

Al menos cuatro fabricantes de paneles entre los más grandes del mundo usan polisilicio contaminado por trabajo forzoso. El estudio insta a los productores a obtener la materia prima de otro lugar.

Acorde a lo reportado por CNN, cuando se le preguntó el miércoles sobre las acusaciones de que el trabajo forzoso en Xinjiang ha contaminado las cadenas de suministro de paneles solares, el portavoz de Asuntos Exteriores, Hua Chunying, calificó tales afirmaciones como falsas, tal como vienen haciendo con todas las evidencias empíricas que demuestran una persecución atroz al pueblo uigur y a varias otras minorías religiosas y espirituales como los cristianos y practicantes de Falun Gong.

“La demanda mundial de energía solar ha alentado a las empresas chinas a hacer todo lo posible para que nuestra responsabilidad climática sea lo más económica posible”, afirma el informe, “pero tiene un gran costo para los trabajadores que trabajan en el origen de la cadena de suministro”.

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La investigación fue producto de la coautiría de Laura Murphy, profesora de derechos humanos y esclavitud contemporánea en el Centro Helena Kennedy para la Justicia Internacional de la Universidad Sheffield Hallam, y la analista de la cadena de suministro Nyrola Elimä, que vivió en la región Uigur durante 19 años.

El informe fue desarrollado bajo la supervisión de “expertos en trabajo forzoso y cadenas de suministro que dominan el chino, el uigur y el inglés”. Se pueden encontrar cientos de citas de divulgaciones corporativas, declaraciones gubernamentales, artículos de medios estatales, publicaciones en redes sociales, informes industriales e imágenes satelitales disponibles públicamente, y detalla el resultado del análisis realizado sobre más de 30 empresas de productos solares, para determinar que la producción está expuesta al trabajo forzoso en sus cadenas de suministro.

Mientras tanto, muchos países están apostando por la energía solar como una forma crítica de energía renovable mientras trabajan para alejarse de las fuentes de energía más contaminantes. Tal es el caso de la administración Biden en Estados Unidos, que plantea como parte de su agenda globalista desmantelar la industria energética tradicional, para reemplazarla, entre otras tecnologías, con la energía solar.

El régimen comunista chino ha generado una creciente condena internacional por su trato a la minoría uigur, incluyendo denuncias por detenciones masivas y abusos sistemáticos de los derechos humanos, tales como trabajo forzado, esterilización forzada de mujeres, torturas y muerte.

La administración Trump, al igual que otras potencias mundiales, declaró la persecución a los uigures como un genocidio comprobado. Ese avance de los Estados Unidos en la lucha por los derechos humanos se verá empañado completamente si la administración Biden continúa con su plan energético basado en gran parte por los paneles solares desarrollados bajo ese sistema producto del genocidio uigur.

 Andrés Vacca – BLes.com