Redacción BLes – El 30 de agosto, el teniente coronel Paul Hague, destinado en Fort Bragg, Carolina del Norte, protestó contra el mandato de las vacunas presentando su dimisión.

Su esposa, Katie Phipps Hague, compartió su carta de dimisión en las redes sociales el 9 de septiembre y mencionó que su marido llevaba dieciocho años en el ejército. Al dimitir, Hague también perderá su pensión.

“En primer lugar, y sobre todo, soy incapaz de someterme a la orden ilegal, poco ética, inmoral y tiránica de quedarme quieto y permitir que me inyecten un suero en mi cuerpo en contra de mi voluntad y mi mejor juicio”, escribió el teniente coronel Paul Hague, y explicó que rechaza las vacunas porque considera que no se ha investigado lo suficiente en su desarrollo.

“Es imposible que esta supuesta ‘vacuna’ haya sido estudiada adecuadamente para determinar los efectos a largo plazo”, añadió.

A finales de agosto, el ejército introdujo el mandato de vacunación después de que la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) concediera la autorización completa a las vacunas de Pfizer.

Se pueden solicitar exenciones, como por ejemplo por motivos religiosos, médicos y administrativos. Sin embargo, el ejército está haciendo cumplir el mandato con amenazas de suspensión o despido. Se ha dado a los miembros de las fuerzas armadas hasta mediados de diciembre para que se vacunen o soliciten exenciones.

“Los gobernadores y los alcaldes encierran a la fuerza a millones de estadounidenses, restringiéndoles su derecho inalienable a buscar la felicidad; obligándoles a abandonar sus puestos de trabajo y su capacidad de participar en los derechos más básicos y fundamentales que ofrece la vida a causa de sus creencias y valores personales”, dijo Hague.

“Esto es, literalmente, una cuestión de vida o muerte para nuestros soldados, sus familias y las comunidades en las que vivimos”, dijo el Cirujano General del Ejército de Estados Unidos, Raymond Scott Dingle, según el comunicado del Ejército del 14 de septiembre.

Hague mencionó que su decisión de dimitir estuvo influida por la forma desordenada y caótica en que se gestionó la retirada de Afganistán, que afectó a su “confianza en la administración presidencial [de Biden] y en los secretarios que dirigen el ejército”.

Escribió Hague:

“Nada me gustaría más que continuar en el Ejército para alcanzar mis 20 años de servicio federal activo y retirarme con mi pensión”, escribió. “Sin embargo, me uniré a los que han servido antes que yo para comprometer mi vida, mi fortuna y mi sagrado honor a seguir resistiendo a las formas eternas y siempre cambiantes de la opresión y la tiranía, tanto de los enemigos de fuera de las fronteras de nuestra nación como de los de dentro”.

Existen similitudes con el mandato de vacunación del Ejército con el programa de vacunación de Nueva York que ha entrado en vigor este mes. Siendo el primero de este tipo en EE.UU., el alcalde Bill de Blasio había decidido prohibir a los ciudadanos no vacunados el acceso a múltiples servicios interiores, incluyendo gimnasios, restaurantes y bares.

Alrededor del momento en que Hague presentó su carta de dimisión, un infante de marina también renunció públicamente a su puesto y aceptó la pérdida de su pensión de veterano.

El teniente coronel Stuart Scheller, del Cuerpo de Marines de EE.UU., renunció a su cargo por la decepción que le causaron los atentados en el aeropuerto de Kabul, en los que murieron 13 militares estadounidenses.

Laura Enrione – BLes.com

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